La ciudad y los días
Carlos Colón
Mamá, yo quiero ser Felipe
Según informaba el pasado día 16 este diario, 6.995 personas fallecieron mientras aguardaban una resolución sobre su petición de prestaciones de dependencia en Andalucía a lo largo del año pasado. Esta cifra, proporcionada por el Observatorio Estatal para la Dependencia, sitúa a la región como la segunda con más decesos en esta situación a nivel nacional, solo por detrás de Cataluña. Para la Junta de Bonilla la Dependencia es un cachondeo. Pero no para los usuarios.
Bonilla dijo que daría prioridad a los mayores de 90 años. Tampoco es cierto. Conozco casos que han tardado en reconocerse, con esas edades, hasta cuatro años. Todas las personas relacionadas con el servicio con las que he hablado del problema coinciden en lo mismo: no hay personal suficiente.
La Junta ha anunciado una reducción de 16 días en el tiempo medio de espera para el reconocimiento de la dependencia, que se establece en 496 días en diciembre pasado. Es inconcebible que en la era de las tecnologías se tarde tanto en ese reconocimiento. La estrategia de la Junta de Bonilla está clara: aburrir a la gente para que recurra a la privada. Aunque mientras se vayan muriendo personas que necesitan asistencia sin haberla recibido. Muertes que irían en la conciencia de los responsables de esa gestión si fuesen bien nacidos, que no lo son.
Según la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales esta práctica es “cruel” al no incluir a “todas las personas reales y sus familias que están esperando durante meses una respuesta de la administración”. Esa gestión, que antes establecía una relación directa entre la administración y los usuarios, se hace recaer ahora en las trabajadoras sociales, que están saturadas por falta de personal y no son reemplazadas, ni transmitidas sus funciones a otras compañeras en caso de bajas por enfermedad, vacaciones, etc.: el usuario se ve obligado a echar mano de amistades, enchufes y todo tipo de recursos para que la administración tan solo admita su solicitud. Son los tiempos del franquismo en su peor versión.
La Junta, no es que no tenga los recursos económicos suficientes –además, rechaza mejor financiación por parte del Gobierno central–, es que no son sus prioridades los servicios sociales: los dependientes no son dignos de su atención. Así que esto no tiene arreglo más que en las próximas elecciones de junio: una patada en el trasero a Bonilla. Y punto.
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