Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Trump guarda tal parecido con Maduro que si intercambiaran sus uniformes, hoy dormiría en el Helicoide. El multimillonario bravucón y narcisista se jacta del pelotazo petrolero para que sus más leales le aplaudan a rabiar. Los magas no entienden de justicia social y los venezolanos que tanto ansiaban recuperar su libertad y democracia tendrán que conformarse, por ahora, con que les lleguen alimentos y medicinas, mientras unos y otros se reparten el dinero del crudo. Trump vuelve su mirada a Groenlandia y la Unión Europea se queda estupefacta: no sabe ni qué decir porque ha descuidado su defensa.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional del líder republicano defiende la ley de la selva y desprecia los valores europeos. Trump y Putin huelen nuestra debilidad a distancia y como saben que no opondremos resistencia, morderán donde les plazca. Pero, ¿quién va a invadir a quién? ¿Rusia a Polonia, cuando no puede ni contra los drones ucranianos? ¿China a Taiwán? ¿Para qué? De lo que podemos estar seguros es de que no escatimarán esfuerzos en apoyar a sus colegas más populistas y afines a su causa en cada cita electoral que se presente. Sánchez, Macron y el resto de líderes europeos nos harían un favor si discutiesen en privado y elaboraran un único discurso. Hoy sólo parecen estar de acuerdo en una palabra: vasallaje. Y se limitan a decir lo primero que se les ocurre pensando en los votos y resignándose a aceptar lo que les manden.
Para cambiar la suerte europea harían falta nuevos estatutos y un presidente elegido por todos. Pero esta cesión de soberanía es impensable porque ellos dejarían de ser los príncipes del cuento y no parecen dispuestos. Los pueblos europeos no quieren ser uno, aunque tampoco querían los castellanos y aragoneses y se unieron por la presión exterior. Entendieron que los pueblos pequeños sólo sobrevivirían juntos. Igual Trump al final nos está haciendo un favor. A veces parece un chiquillo, pero no lo es. No dinamitará la OTAN tomando Groenlandia por la fuerza porque sería absurdo y porque Europa supone para los americanos lo que Ucrania para nosotros, una defensa adelantada. Y siempre es mejor luchar lejos de tu territorio, como en las grandes guerras. Lo que sí puede intentar Trump es comprar la voluntad de los groenlandeses a golpe de talonario. No conviene descartarlo porque hace lo que quiere y sólo Putin se atreve a desafiarlo condenando la captura de Maduro, cuando él se ha cuidado tanto al hablar de la invasión de Ucrania. A saber en qué estará pensando ahora.
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