La fuente de las katiuskas

06 de marzo 2026 - 03:07

Yo veo una imprevista palangana de pediluvio para ciegos sin lazarillo y zombis del móvil, un somero dique de hojarasca, desperdicios y colillas, un socorrido abrevadero para therianícolas poco adiestrados. Yo veo un paradójico espejismo que trueca ilusión en certeza; un cristal turbio de espuma y cloro donde desgraciadamente los narcisistas hacen pie; un empapado souvenir de la borrasca Regina o de la Marta o de la que sea. Veo un anegado módulo para novatos en el riesgoso arte del monopatinaje; veo un amplio espejo en el que se contempla con coquetería el edificio modernista tocado con diadema de mariposas; veo una rueda de gráciles náyades del agua bailando sevillanas en corro cuando no jugando a la gallina ciega. Pero si usted se empestilla no solo en afirmar sino también en jurar por la memoria de un pariente cercano que eso que han instalado en la Puerta de Purchena es una fuente sin más, yo me daré un punto en la boca, le daré la perra gorda y diré que muera el cuento.

No quiero más controversias artísticas. Bastante tuve con la jefa de sección de Cultura del Diario de Pontevedra aquella vez en la que en un artículo mío no se me ocurrió otra cosa que distinguir con el título de «mejor crítico europeo de arte contemporáneo» a la pobre limpiadora del Museo Bolzano de Milán, quien labró su ruina tirando al cubo de la basura lo que creyó ser desperdicios esturreados por el suelo tras una fiestuqui de jóvenes bohemios, pero que, vaya por Dios, resultó ser una obra maestra del arte vanguardista italiano. Qué humor. Desde entonces estuvo sin hablarme. En fin, veámoslo por el lado bueno: los pósits sustituyeron esa voz suya tan desagradable.

Con todo, déjeme que le diga que esa fuente de ningún calado donde encallarían hasta los pececillos de colores, esa fuente de aire salinero cuyo surtidor estornudará sobre la cara de los viandantes en los días de viento, esa fuente inane que posa como una maja desnuda ante el objetivo del turista, esa fuente en mi opinión no adquirirá carta de naturaleza en la idiosincrasia almeriense hasta que sirva de escenario para un acontecimiento importante. Y creo adivinar cuál sería este: la celebración del ascenso a primera de la UD Almería. ¿Se figura usted a todos los jugadores calzados con katiuskas chapoteando exultantes en la fuente igual que hacían en los charcos aquellos niños de ayer cuando aún no habían sido desterrados de las calles?

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