La (de)generación

03 de enero 2026 - 03:07

El método de las generaciones ha sido uno de los grandes salvoconductos al error y la incomprensión de los hechos histórico-culturales, amén de ser un subrepticio, pero eficiente, agente alienador. Fue una de esas ocurrencias de Ortega, tan brillantes como de cuestionable sustancia. Tuvo continuidad previsible en Julián Marías, a fin de cuentas , su discípulo. Más tarde se extendió al otro lado del Atlántico. Si Strauss-Howe diseñó desde EE. UU. una teoría general de los ciclos, Krauze la empleó para explicar la secuencia política en México de 1890 a 1980.

Básicamente consiste en estudiar los acontecimientos por generaciones, que abarcan un segmento de 25-30 años. Se presupone que todos sus miembros comparten experiencias y visión del mundo, a la vez que desarrollan un rol concreto en la dinámica histórica. De ese modo, todos sus componentes difuminan sus diferencias internas.

A pesar de que el concepto levantaba algo más que sospechas circuló con éxito considerable. Así en España tuvimos generaciones del 98 o del 27, a cambio de perder el rastro del modernismo internacional o de las vanguardias surrealistas. Cuando ese concepto tan intrincado parecía una antigualla desterrada, Amalia Plaza lo ha resucitado para desarrollar una singular teoría acerca de la evolución de la historia de España. La escritora, nacida en 1989, se arroga ser miembro de una generación mártir. En opinión de la autora, todas las penurias sociales sufridas por sus miembros tienen una causa común: la generación boomer (los hijos del baby boom), su vida holgada y su ya jubilación “de vida cañón”. Es un argumento tan pueril como las supuestas confrontaciones generacionales que enarbolaron los hippies, entre chute y chute. Con esa socorrida, y trivial, excusa Plaza evita analizar en profundidad la situación actual y, sobre todo, asumir las consecuencias que ello implica. Quienes han sembrado de amenazas el estado del bienestar, con retrocesos que afectan a todos los grupos generacionales, más que los boomers, han sido las últimas y perversas evoluciones del sistema capitalista. Ese, por cierto, es el frente que no encara Amalia Plaza.

Por lo demás, no estaría de más recordarle que los impuestos de los boomers sufragaron cosas que ella ha disfrutado; no sé, la escuela y la sanidad públicas, las carreteras por las que circularó, buena parte de la cultura que ha disfrutado, la modernización de las ciudades, unas cuantas cosillas así.

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