Crítica de arte
Francisco Bautista Toledo
La luz del pintor
El pintor persigue la luz para sujetarla al lienzo. Para ello necesita el dibujo como soporte, expresando la impronta de la imagen que ha captado su atención estética.
Luis Paltré (Cabra, 1958) es un artista que describe su mundo sensitivo, a través de la representación real de los escenarios que arropan su existencia. No lo hace de forma subjetiva mediante la elaboración de piezas abstractas, ni tampoco refleja su entorno de forma exquisitamente pulcro, aislado en la fría fidelidad de las formas, o en la claridades tenues de una realidad cuasi fotográfica. En su obra la imagen aparece vestida de color, denso y atractivo, estimulante, espeso, el cual unas veces nos transmite plenitud cromática, como ola que irrumpe y anega la retina. Son estas piezas paisajes gozosos, entregados a la exaltación del color de poderoso porte, impresión permanente que no cesa su influjo.
Hay una pieza, en la que la tonalidad monocroma de la blanca nieve domina toda la escena del cuadro. Aparece un entorno silencioso, acurrucado en susurros ateridos, que se deslizan en la composición como leve balada tonal, que invita al refugio dentro de un mundo mágico, pues en él se percibe y espera el signo sensitivo de la transcendencia, presentida en lugares anodinos, solitarios, sólo presa del abandono y silencio. Recorre un nervio lírico la visualización de sus detalles, evocaciones suscitadas en la contemplación, elegancia por la sencillez armónica de las formas y fondos incorporados en el cuadro.
El artista no sólo contempla paisajes, sino que también acurruca su mirada en el interior del hogar, descansándola en rincones cotidianos, sobre objetos y muebles, siendo protagonista triunfante el color expresado en ellos. Posee un efecto que atrapa la mirada, haciéndola cómplice de su vida interior, en la que el poso del tono triunfante domina todo el proyecto, siendo seducida. Sabe el pintor, de esta manera, arrancar la secuencia del influjo cromático, trasladada al observador para enriquecer sus sentidos, incorporándolo a una vida de plenitudes y fastos.
En otras piezas se conforma Luis Paltré en la representación de objetos diversos, en los que la luz transita en su discurrir diario, quedando atrapado su resplandor en las piezas seleccionadas. Las claridades impregnan la superficie cristalinas de jarrones, vasos y jarritas, en cuya cristalina superficie juegan sus destellos.
La creación plástica de Luis Paltré posee solidez compositiva, luminosidad que trasciende el gesto del color percibido, para adentrarse en el éxtasis de la existencia.
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