El mes de los comienzos ¿o de las promesas frágiles?

15 de enero 2026 - 03:07

Enero siempre llega con la fuerza de lo nuevo. Estrenamos agendas, hacemos listas de propósitos, nos prometemos cambios que parecen urgentes: comer mejor, hacer deporte, dedicar más tiempo a la familia. Pero ¿cuánto dura esa energía? ¿Por qué tantas promesas se desvanecen antes de que termine el mes?

Quizá porque confundimos cambio superficial con transformación real. Apuntarse al gimnasio no basta si no hay un compromiso profundo con nuestra salud. Organizar la agenda no sirve si no revisamos nuestras prioridades. Y esto no ocurre solo en lo personal: también como sociedad vivimos atrapados en la cultura del “año nuevo, vida nueva”, mientras seguimos arrastrando fatiga emocional colectiva e incertidumbre económica, educativa y social.

Este cansancio nos pide algo más que buenas intenciones: nos pide esperanza. Pero no una esperanza ingenua, sino una actitud activa, capaz de sostener proyectos y reconstruir vínculos. La esperanza es una virtud social: nos mueve a perseverar cuando todo parece tambalearse, nos impulsa a cuidar lo esencial, a no rendirnos.

Lo sé por experiencia. El año pasado, el 5 de enero, perdí a mi marido. Desde entonces, proyectar mi ikigai —ese sentido profundo de la vida— se me hace cuesta arriba. Hay días en que el silencio pesa más que cualquier propósito. Sin embargo, gracias al cariño de mis hijos, de mi madre, de mi hermana, de mis amigas y de mis compañeros de trabajo sigo adelante. Ellos son mi razón para creer que la esperanza no es un lujo, sino una fuerza que nos levanta cuando todo parece derrumbarse. No hay agenda que lo planifique, ni lista que lo anticipe: es la vida misma empujándonos a seguir.

Enero no es solo el mes de los comienzos, es también el tiempo de preguntarnos si queremos seguir coleccionando propósitos frágiles o apostar por compromisos reales, si estamos dispuestos a pasar de la emoción inicial a la transformación interior. Porque los comienzos son hermosos, pero solo el compromiso sostenido convierte las promesas en vida. En tiempos de incertidumbre, la esperanza activa no es un lujo: es la única revolución posible.

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