¿Provocará la IA una crisis de demanda?
Obras eternas
En Almería ya nos sabemos de memoria el mismo guion: se anuncia una obra, se pone una valla, se aguanta el polvo, los desvíos, el caos de tráfico… y, cuando debería llegar el final, llega el “ya veremos”.
Lo estamos viendo en el Paseo y vuelve a pasar en la avenida de Torrecárdenas, con el desvío de tuberías de entrada y desagüe en el depósito de la Pipa Alta.
Esta actuación empezó a tramitarse en 2019 con un coste de 800.000 euros y un plazo de 4 meses. Hoy estamos en 2026, el presupuesto supera ya 1,2 millones y todavía no hay una fecha clara de finalización. Cuando una obra se alarga siete años, el mensaje que reciben los vecinos es sencillo: “nadie está al mando”.
Es verdad que la pandemia retrasó muchas cosas. Lo entendimos todos. Pero lo que ha ocurrido después no se puede explicar siempre con la misma excusa. Parones, ampliaciones de plazo, problemas de suministros, servicios (redes de agua, gas, electricidad, telecomunicaciones o alcantarillado), no previstos al excavar…
Y aquí surge la duda más básica, la que entendería cualquiera: si vas a abrir una avenida, ¿cómo no sabes lo que hay debajo? No hablamos de una calle del siglo XIX. Hablamos de una zona de urbanización relativamente reciente.
En cualquier casa, antes de cambiar una bañera se mira dónde están las tuberías. Pues en una ciudad debería ser igual, pero con más medios y más responsabilidad. Lo peor no es la obra: lo peor es la sensación de improvisación permanente. Esa misma sensación que, con distintos capítulos, también se ha instalado en el Paseo. No se trata de estar “a favor” o “en contra” de las obras. Se trata de hacerlas bien: con planificación, coordinación, información veraz y un seguimiento serio.
Almería merece un Ayuntamiento que no solo corte cintas o grabe vídeos, sino que cumpla plazos, cuide el dinero público y dé la cara cuando surgen problemas.
Por eso proponemos algo muy concreto para las obras municipales: un calendario público y actualizado de cada fase, un responsable técnico identificable, reuniones periódicas con vecinos y comerciantes, y un control real de costes y plazos con explicaciones claras cuando se modifiquen. En definitiva, menos propaganda y más gestión.
Almería puede y debe funcionar mejor. Y esa es la Almería en la que creemos.
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