Parque de la Desbandá

03 de febrero 2026 - 03:08

Se cumplen el próximo sábado 89 años de la Desbandá. Como es sabido, se llama así a la huida de Málaga a Almería de gran parte de la población de aquella capital cuando fue tomada por tropas italianas y moros de la legión al mando de Queipo de Llano a comienzos de febrero de 1937, plena Guerra Civil Española. Las fuentes difieren mucho, pero entre 50000 y 100000 personas vinieron caminando a Almería, 220 km., tirando de niños, viejos, enseres, animales…, perseguidos por las tropas franquistas, tiroteados por la aviación alemana y bombardeados por los cruceros Baleares y Canarias. Mezclados con ellos vinieron también milicianos armados, sobre todo cenetistas, que en nuestra ciudad ocasionarían gran número de problemas al gobernador socialista, Gabriel Morón, empeñado en desarmarlos y enviarlos al frente. Fue la segunda ola de crímenes, quema de iglesias, persecuciones, sacas y paseos que se vivió en Almería, en su mayor parte cometidos por anarquistas, a los que se oponían socialistas y comunistas. Era una guerra dentro de la guerra, que se unía a los graves problemas de abastecimiento, sanitarios, transportes e infraestructuras que se sufrieron con la llegada en masa de “los malagueños”. Llegada que puso a Almería en el foco de las iras franquistas, cuyo culmen sería el bombardeo de la armada alemana del 31 de mayo de 1937.

Como todos los años, las asociaciones de memoria histórica preparan una marcha en recuerdo de la Desbandá. Ya es hora de que se nombre el parque de entrada a la ciudad por poniente, lugar por donde entraron mayoritariamente los huidos, como PARQUE DE LA DESBANDÁ. Y, en él, erigir un monumento a las víctimas y a Norman Bethune, médico canadiense de las Brigadas Internacionales que asistió a los fugitivos con su ambulancia. Norman Bethune clamaba en Almería por que se organizara la asistencia a los heridos, viejos, mujeres y niños que venían por la carretera de Málaga. El recuerdo de aquella muchedumbre enloquecida por el pánico y la desesperación, el espectáculo dantesco de sus sufrimientos, su hacinamiento y miseria en las calles de nuestra ciudad, lo acompañaría ya hasta su muerte: “España es una herida en mi corazón. Una herida que nunca cicatrizará”. Bethune vio claro que “será en España donde la democracia viva o muera”. Es necesaria también una iniciativa popular para convertir el PARQUE DE LA DESBANDÁ en lugar de memoria histórica.

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