La ciudad y los días
Carlos Colón
Mamá, yo quiero ser Felipe
Con el secuestro de Nicolás Maduro verificado por Donald Trump hemos empezado el año con mucho entretenimiento. Partiendo de la base de que Maduro es un dictador al que se le pueden aplicar todos los calificativos de un tirano, hay opiniones para todos los gustos sobre la invasión del estado de Venezuela por el presidente de EEUU.
La UE evoca el respeto del derecho internacional, pero no condena de una forma expresa el secuestro de Maduro. En España, la derecha anda con titubeos. VOX celebra la intervención de Trump y en el PP hay voces dispersas opinando cada uno por su cuenta, siendo Ayuso la más clara aplaudiendo la actuación de Donald Trump.
A la izquierda del PSOE se condena el secuestro sin paliativos. Y la respuesta de Pedro Sánchez, si se puede considerar institucional partiendo del presidente del Gobierno, me parece la más acertada: “España no reconoció al régimen de Maduro.
Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo.
Pedimos a todos los actores que piensen en la población civil, que respeten la Carta de las Naciones Unidas y que articulen una transición justa y dialogada”. Denunciar la violación del derecho internacional es a lo más que se puede llegar, aunque eso no implica que al violador se le pueda aplicar condena. En el derecho internacional lo que rige es la ley del más fuerte.
Hoy la excusa del actual presidente de los EEUU es proceder contra una dictadura, pero no siempre ha sido así. Si hacemos memoria en 1959 el presidente Eisenhower visitó España en plena dictadura, se abrazó con el generalísimo Franco en Torrejón de Ardoz y reconoció a España como aliada.
Entonces el interés era instalar unas bases en la Península Ibérica, como así se hizo, y lo que menos importaba a EEUU era el régimen dictatorial que existía en España. Ahora lo que le interesa a Donald Trump es el petróleo de Venezuela, y el derecho Internacional, como le he oído decir a Borrell en una entrevista en televisión, le importa un pito.
A Corina Machado le ha dado pasaporte y no parece que esté dispuesto a apostar por un gobierno en Venezuela presidido por Edmundo Gonzáles.
Lo que interesa es el petróleo y se negociará con quien convenga.
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