La propuesta de Rufián

17 de febrero 2026 - 03:08

La atomización de la izquierda –sus rencillas y enfrentamientos políticos, sus diversos monolitismos ideológicos– es histórica, como se sabe. Tanto, que fue una de las causas de que la República perdiera la Guerra (con mayúscula, ya sabemos a qué guerra nos referimos). No es nueva la división de la izquierda, su atomización electoral. Es tan antigua como la idea utópica de unirla.

Son muchos los motivos de que esto haya sido así y lo siga siendo. Uno, las posiciones ideológicas inamovibles. En el mundo actual no son las ideologías las que mueven al electorado; son las soluciones. Si ofreces soluciones a los problemas de vivienda, sanidad, dependencia, salario, protección social, trabajo, etc., si ofreces esperanza, la gente te vota. La que vota, claro.

Otro motivo son los liderazgos. Es un clásico que los políticos de izquierda prefieran ser cabeza de ratón a cola de león. Aunque sus partidos se hundan en la marginalidad. Se mueven mejor tras las pancartas en la calle que tomando decisiones en favor de la gente en los ministerios. Incluso lo prefieren. Es más: se sienten incómodos cuando alcanzan una cuota decisoria de poder. Ahí está el ejemplo histórico de Podemos, que llegó a tener 70 diputados y los dilapidó, dilapidando también la confianza que puso en ellos la gente. Pablo Iglesias ha sido un líder destacado, pero fallido.

¿Es viable la iniciativa de Rufián hoy en día? No, pero debería serlo. Si tuvieran responsabilidad política, no ambición; si fuesen coherentes con sus ideas, no monolitos ideológicos, buscarían la unidad en las semejanzas y no la disgregación en las diferencias, y aprovecharían la oportunidad de unirse con el liderazgo que ahora se les ofrece.

Las ideologías han muerto. Ahora sí, no cuando lo dijo Nietzsche. El liberalismo ha muerto bajo la bota fascista de su extremismo ultra. El comunismo fue un fracaso en todos los países en que se instauró: Rusia y países satélites, China, Cuba… En todos ellos se tradujo en una tiranía de las élites burócratas frente al pueblo que decían representar. Hoy en día las ideologías han sido sustituidas por soluciones. La gente quiere soluciones, no adoctrinamiento. Soluciones, no monolitismos.

Harían bien todos en estudiar profundamente la propuesta de Rufián. Dejarse de dioses y dogmas e ir al grano. Dejarse de ideas de hierro e ir a la realidad de plastilina. Eso es lo que hace falta. Con Rufián u otro.

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