La alfombra roja de Sánchez
Desconcierto político mundial y nacional
No se recuerda una época con tantas posibilidades de información y, sin embargo, con tanta desorientación. El aliado histórico que era EEUU rompe con los amigos y va del bracete con Rusia; la extrema derecha pujante en cada país olvida su ultranacionalismo para abrazar servilmente lo que se dicte desde Washington o Moscú; las instituciones se debilitan por intereses partidarios de corto plazo concediendo por un voto exigencias hasta hace poco inadmisibles; los electorados tradicionales dan el cambiazo en cuanto tienen ocasión, como esos pueblos grandes de la periferia de Zaragoza donde puntuaba bien Podemos y ahora ha vencido Vox. (Podemos y el PAR, que había sido fuerza de gobierno en Aragón ocupando dos veces la Presidencia, han obtenido menos votos que Se acabó la fiesta). Olé. Que no decaiga.
La profesión de estratega político, salvo excepciones, acumula tanto desprestigio como la política misma y buena parte del periodismo que la sigue de cerca. ¿Quién recomendó a María Guardiola, presidenta del PP en Extremadura, que adelantara elecciones para distanciarse del Vox que la acosaba y no le aprobaba los Presupuestos? Vox se disparó y ahora, o claudica el PP, o a repetir elecciones. Lo mismo en Aragón con su adelanto: Vox arriba, el PP dos diputados menos y por supuesto los socialistas a su suelo histórico. Por eso, quien le haya recomendado al PP esas declaraciones ante las elecciones inmediatas en Castilla y León (“Que sepa Vox que las condiciones las pondrá el PP”) debe ser alguien con gran sentido del humor. Las condiciones las pone siempre la aritmética y los que quieren gobernar, sea el PP en comunidades o el PSOE en España, acaban mendigando votos para sobrevivir. Esto no va declaraciones sino de números. Díganselo a Pedro Sánchez ahora, o a Aznar en su día cuando le cedió al nacionalismo de Jordi Pujol hasta el control de las carreteras catalanas retirando la Guardia Civil.
La vida es más difícil ahora porque, aunque la macroeconomía vaya bien, la política va fatal y las adversidades se multiplican (la dana, los desastres ferroviarios, el caos del transporte en Cataluña o las inundaciones en Andalucía) en fechas en las que Trump firma 300 decretos por los que quedan abolidas todas las políticas contra el cambio climático. Y sus monaguillos en Europa lo corean.
Menos mal que entre tanto desatino emergen algunos raptos de cordura en gobernantes, como ha demostrado en Andalucía Juanma Moreno. La colaboración institucional entre su Gobierno y el de España, que vimos en la tragedia de la alta velocidad y en las inundaciones, podrían ser la mejor escuela para dirigentes de su partido sobreexcitados que aportan desconcierto a la ciudadanía. Los desastres aludidos son de tal magnitud que sólo la colaboración institucional puede devolver la confianza. Y el hastío del electorado es tal con el “y tú más” que puestos a romper, daña el bipartidismo que siempre significó estabilidad, con sus defectos, y orienta el voto a las propuestas más radicales. De palabra, claro, sean las de Pablo Iglesias o las de Santiago Abascal. De palabra, porque de gobierno en absoluto. Podemos apenas gestionó nada relevante con éxito; y Vox no acepta consejerías autonómicas (se retiró de bastantes de las que tenía) ni siquiera concejalías operativas. Así está el desconcierto nacional. Y la guinda de Felipe González: si Sánchez es candidato, votará en blanco. Olé y olé. País.
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