Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
Que el mismísimo Ministerio de Educación no sepa cómo hacer la rendición de cuentas de un programa educativo, ya es un síntoma. Muy significativo. Máxime si hay de por medio una partida presupuestaria considerable y lo coordinan multitud de personas «expertas» de todo el territorio nacional.
Es muy habitual que cuando se habla de una actuación concreta, una medida educativa, un programa educativo o cualquier cosa que se haga en la escuela, el profesorado no sepa muy bien cómo se evalúa el funcionamiento de aquello que se ha implantado. Es algo que todos tenemos muy asumido, pero tampoco deja de ser sintomático.
Que cuando se habla de un programa educativo tampoco personas con formación universitaria, profesorado universitario dedicado a la formación de futuros docentes, con perfiles distintos (pedagogía, sociología o didácticas específicas) sepan cómo se ha de evaluar, es un síntoma importantísimo.
Estos son los síntomas. La enfermedad, la causa, el origen de todo es la falta de cultura de evaluación y rendición de cuentas en nuestro país, en todas las instancias, en todos los ámbitos de lo público. Es demasiado habitual que nadie compruebe y evalúe el impacto real del dinero y los recursos invertidos, tampoco de las actuaciones que se hacen.
Cada año, la administración da a cada escuela los resultados de su centro en cuanto a número de aprobados, titulación, abandono, absentismo, conductas contrarias a la convivencia, expulsiones, eficiencia de la repetición de curso, resultados detallados por asignaturas y muchos más aspectos. Si estamos seguros de que aquello que proponemos mejorará los aprendizajes, tiene que reflejarse sí o sí en estos informes. De lo contrario, estaremos engañándonos a nosotros mismos y defraudando a la ciudadanía. Además, no es tan complicado reunir y preguntar a las familias, el alumnado, el profesorado o los equipos directivos, si se quieren obtener valoraciones, puntos de vista e incluir aspectos cualitativos. Hay ideas que son tan obvias que deberían sonrojar a cualquiera que tenga algo que ver con ellas. Quizá el problema sea que a cierto sector pedagógico y a nuestros gestores públicos se les acabe, de este modo, su mercadeo de ocurrencias, sus puestos a dedo y sus medidas jamás probadas, que en muchos casos perjudican más que suman.
Y mientras tanto, Irán, Ucrania y Gaza arden. Venezuela ya es servil y Groenlandia es el próximo objetivo. Sigamos hablando de estas nimiedades, mientras podamos. O hagamos algo.
También te puede interesar
Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
A la luz del día
Antonio Montero Alcaide
Verdades relativas
Figura de sentido
Sarah Thomas
Mi piso por un Birkin
Ni es cielo ni es azul
Avelino Oreiro
Tam in publico quam in privato
Lo último