Resistiendo
Andrés García Ibáñez
Un siglo del padre Bartolomé
En la mitología persa Ardvi Sura Anahita, era una de las deidades más queridas y de mayor pervivencia en el imaginario colectivo a lo largo de los siglos. Diosa de la salud, el agua y la sabiduría. Los soldados le rezaban para salir con vida de las batallas y obtener la victoria. Se la representaba con elaborados adornos, montada en una carroza tirada por cuatro caballos nisanos, los legendarios corceles de las llanuras persas. Hasta el año 1935 Irán era conocido desde la antigüedad como Persia. Las raíces de la civilización y el Imperio Persa que fundo Ciro el Grande en el siglo VI a.C. nos llevan hasta Sumeria, Mesopotamia. En la ciudad de Ur vivió Enheduanna (2285-2250 a.C.) la escritora sumerio-acadia más importante. Reconocida como la primera autora firmada de la historia, hombre o mujer. Dejó constancia de la autoría de sus escritos en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme. Hija del rey Sargón I fundador del Imperio Acadio, tuvo trascendentales responsabilidades políticas y religiosas. Era la sacerdotisa del dios lunar Nanna. Autora de los himnos a la diosa sumeria Inanna: El descenso de Inanna al inframundo y La exaltación de Inanna. El arqueólogo Charles Leonard Woolley (1880-1960, Londres) descubrió sus obras en 1927. Sobre todo durante el Imperio Aqueménida (550 a. C.-330 a.C.) las mujeres disfrutaron de una situación jurídica, económica, política, laboral y social que les proporcionaba una libertad singular no solo en su época. Había leyes que protegían a las esclavas del maltrato, estableciendo penas para los maltratadores. El divorcio estaba legislado, incluyendo las compensaciones. Las mujeres podían heredar, tener propiedades, trabajar en la administración o como artesanas, recibiendo el mismo salario que los hombres. Podían hacer negocios, participar en política, prestar el servicio militar y ejercer puestos de mando en el ejército. Los griegos y los romanos se mofaban de los persas porque los consideraban “dominados por sus mujeres”. El Imperio Persa terminó en el 651 d.C. con la conquista árabe y la llegada del Islam. Entonces las mujeres persas perdieron su secular libertad. En 1979 con el triunfo de la revolución teocrática de Jomeini se impuso la oscuridad. Desde el pasado 28 de diciembre las iranies lideran esta rebelión. Una de ellas, herida y sangrando dice “No tengo miedo. Llevo muerta 47 años”.
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