La tribuna

La década de los tontos

La década de los tontos
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Con frecuencia oigo por las mañanas decir a Carlos Herrera que hay más tontos que botellines. No puedo estar más de acuerdo con él. Yo también afirmo que hay más tontos que carteras ministeriales; mi afirmación salta a la vista, pues aunque se le dé una cartera a cada tonto, siguen sobrando de los últimos. Decía Sócrates, que no es sospechoso de ser de ultra – derecha, hace ya casi 2.500 años, que “la humanidad está compuesta por dos tipos de personas: los sabios que saben que son tontos y los tontos que se creen sabios” y cuando los tontos alcanzan el poder, como es el caso de España, aunque sea democráticamente, irremisiblemente vamos derechos al despeñadero.

El tonto solitario ha sido siempre una figura entrañable, que ha existido en todos los pueblos por pequeños que fuesen. Eran cariñosos y afables; se les veían felices; eran como una mezcla entre diablillos y angelitos. Siempre estaban merodeando por las cercanías del bar, esperando que alguien los invitase a un café o a un vaso de vino, pero sobre todo que le diesen un cigarro, que era una de las cosas que más agradecían y si aparecía algún forastero por el pueblo, ya no se apartaba de él ni un momento hasta conseguir su objetivo. Esta figura del tonto del pueblo sirvió de inspiración a escritores y pintores; entre estos últimos figuran los lienzos de Velázquez “El niño de Vallecas” y el bufón “calabacillas” más conocido como el “Bobo de Coria”. En cuanto a la literatura y en el boca a boca circulan varias frases célebres sobre tontos, que no necesitan explicación, tales como: el tonto del nabo, tonto de capirote, el tonto del haba o tontolaba. El tonto del bote tiene su historia y ocurrió en Madrid a principio del siglo XIX. Existió un mendigo que pedía en la puerta de una iglesia y junto a él tenía un bote para las monedas, al que llamaban Julián, y cuentan que en una ocasión que se escapó un toro bravo de la plaza de toros, Julián en vez de correr como hicieron todos, se quedó quieto y se acurrucó en el suelo y el morlaco de repente se paró ante él y tras olfatearlo y resoplar fuertemente siguió su camino. Realmente los tontos no son nada modernos y siempre se les ha metido en el mismo saco que los bufones, que fueron muy abundantes en la corte desde la Edad Media y se les veía con cariño y simpatía, porque a cambio de un vaso de vino o una moneda los distraían y alegraban un poco.

La gran diferencia de estos simpáticos personajes que existieron realmente y que siguen existiendo, es que ahora, algunos de ellos, nos están gobernando y participan en foros internacionales haciendo el ridículo continuamente. Y eso ya nos afecta a todos los españoles. Para hacer el tonto no necesitan preparación alguna ni ensayo porque ya lo son; es suficiente con asistir a los foros internacionales, cosa que cada vez es menos frecuente, porque ya no los invitan ni a la OTAN, UE y mucho menos en las reuniones que se celebran fuera de Europa. A Sánchez no lo invitan porque no es un socio fiable; saben que puede traicionar a Europa y OTAN a la primera de cambio.

Esta semana pasada, con motivo de la guerra de Irán, hemos asistido al espectáculo más bochornoso televisado de los últimos tiempos; Sánchez ha dicho muy claro que estaba totalmente en contra de la guerra de Irán y en su puesta en escena, ha matizado, para que lo entendiésemos todos los españoles: “lo voy a decir muy claro y lo resumo en cuatro palabras: “No a la guerra”. Así me gusta Presidente: con claridad, valentía y determinación. El ministro de Asuntos Exteriores y toda la corte del faraón se recrearon con la agudeza del Presidente de las cuatro palabras. Pues mire Vd. hace ya bastantes años que Jesulín de Ubrique le ganó por goleada, porque cuando los periodistas le preguntaron al salir del Vaticano ¿Qué te ha parecido? Él contestó rápidamente: “lo resumo en dos palabras: Im presionante”. Pero la diferencia entre ambos es abismal, porque Jesulín es muy querido por todo el mundo y Vd Sr. Sánchez, con la misma intensidad que Jesulín, es odiado.

PD. Cuando el Presidente se dirigía a los españoles con el “no a la guerra” ya le había hecho llegar la orden por conducto reglamentario al Capitán de Fragata que mandaba el buque Cristóbal Colón, para que zarpase y pusiese rumbo a Chipre. ¿Se puede ser más cínico y falso?

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