La otra noche

11 de marzo 2026 - 03:07

El iceberg está delante y la colisión es inminente, pero se deshiela un segundo antes de chocar. He soñado otra vez que he hablado con Javier Ojeda (ex cantante de Danza Invisible) después del documental sobre el Torremolinos de los 60, que se presentó en el Festival de cine de Málaga, el otro domingo. La otra noche. La otra noche tomamos cosas después de la proyección del documental, en la calle Echegaray, en el Teatro Echegaray de Málaga. Estaba Teddy Bautista, estaban todos. Es como ver una película con todos los actores sentados detrás tuyos en las butacas, te fijas en un actor, en este caso, un participante, miras para atrás y está allí, con su mismo rostro y su mismo aspecto. Javier Ojeda también estaba, y lo de que luego hablé con él es cierto, solo que no fue la conversación que yo esperaba. De hecho no esperaba ninguna conversación y en todo caso no es la que imaginaba. Hablar con los Storm, que parece que siguen tocando. Todo es brillante como las luces de las antorchas de los fuegos artificiales, que una vez explotan, se acabam Todo lo que tiene una expectativa inflada al final se desinfla por puro efecto de la presión del aire sobre ese globo que se llama expectativa. Es mejor ir indolente, oír hablar de malditos y sus vestigios, entre caballeros del oficio, deidades vestidas para la ocasión, zonas muertas de los sucesos como caballos desbocados que tienen que pararse en seco. La noche de Málaga, un domingo por la noche es un vacío con alfombra roja multipisoteada por zapatos con suela sucia en la hora de replegar las velas hacia ese hotel con habitación de lujo, con sofá, plancha y mesa de planchar, montones de dosificadores, cepillos de dientes, lima de uñas, una ducha espaciosa, puffs donde sentarse. La noche es al fin y al cabo, un televisor de plasma. Todo está previsto para que se organice metódicamente y la mayoría de cosas salgan mal. Todo está previsto para recoger velas en vez de extenderlas nuevamente henchidas en la vuelta. En la vuelta siempre vas con las velas arrugadas y por eso es mejor ir como la mayoría, indolente y pesimista a todos sitios, esperando que algo se fastidie y quedes como el que sobra de todos sitios. Los trayectos en taxi ahora son más cortos. El viaje ahora es una rutina segura por la que abogaron nuestros próceres y nuestros progenitores. Y sí,si desapareces del mundo público en realidad nadie te echa de menos.

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