La ley de la selva

11 de marzo 2026 - 03:07

En la actualidad vivimos en un universo moral hueco, similar a un armazón que no guarda nada. Una cosa son los principios escritos, divinizados, y otra la vida política cotidiana. Esta ficción pudo sostenerse mientras se mantuvo el pulso hegemónico entre USA y la URSS. En los sesenta se percataron de ello las nuevas generaciones nacidas en el confort, mimadas en el materialismo, pero educadas con principios morales procedentes del siglo XIX. Se produjo una ruptura mental primero, y en los noventa ideológica.

Tras el hundimiento del sistema comunista sobrevino la perplejidad, la desorientación, queriendo instalarse nuevas ideas surgidas de la inteligencia socioliberal, aliadas con los disidentes neomarxistas. El Fin de la Historia parecía posible, por lo que se empezó a tejer un nuevo entramado internacional, sin perder la estructura diplomática establecida por los vencedores tras la Segunda Guerra Mundial. Es decir, un derecho internacional, unas relaciones sometidas a normas reconocidas por todos, respetando la soberanía, riquezas y características nacionales propias. Sólo la ONU era quien podía actuar para resolver genocidios o tiranías sangrientas.

Hemos de recordar que la ONU fue el artificio, de las potencias vencedoras, para imponer un orden mundial.

En los últimos años la Agenda 2030 ha sido el guion inspirador de la diplomacia internacional, pretendiendo una globalidad mundial, de la economía, política y organización social. Los viejos valores serán desechados, o en todo caso desnaturalizados.

Los conceptos de nación, cultura de los pueblos, organización tradicional de la sociedad, se disolverán en el nuevo orden, para ser sustituidos por valores variables, de acuerdo a la producción y necesidades de los grandes planificadores. La colmena global es su fin.

Pero no se han tenido en cuenta dos factores. Primero, la desaparición de los valores humanistas en la cultura política. Segundo, la disidencia de aquellos que no quieren compartir el nuevo orden mundial, aunque deseen los mismos fines. Esto ha dado lugar a la situación actual, donde se atacan las naciones porque sí, basado en la fuerza y superioridad, según intereses económicos. La deshumanización intelectual de la cultura posmoderna ha dado lugar a este estado de cosas. Estamos en un reseteo del orden mundial, basado en los valores preconizados en el 2030, enfrentados dos grupos de intereses. La ONU no hace nada, certifica su inutilidad. Ahora triunfa la ley de la selva.

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