El pasado jueves se celebró en el Palacio de los Deportes de Huelva “Carolina Marín” un Funeral de Estado, que fue presidido por nuestros Reyes. La palabra funeral la RAE. la define como “pompa y solemnidad con que se hace un entierro o unas exequias”. Por tanto, la palabra funeral no está ligada a la Iglesia, según el diccionario. Pero estamos en España y cuando alguien dice que va a un funeral, la pregunta inmediata es ¿En qué iglesia es? Porque España sigue siendo cristiana y aquí los funerales se hacen en los templos o en sitios habilitados para ello y siempre con la celebración de la eucaristía. Nuestras raíces son cristianas desde hace casi 2 milenios cuando San Indalecio, uno de los Siete Varones Apostólicos, arribó a nuestras costas para predicar la religión cristiana.
Se ha echado en falta la presencia del Presidente del Gobierno en Huelva; no cabe la excusa de que no asiste a actos religiosos, porque no es cierto; él y nosotros sabemos que no ha ido a Huelva porque tiene pavor a la gente de la calle; ya lo demostró en Valencia. Él sabe que el pueblo no lo quiere, ni lo vota, porque lo que quieren es botarlo; de ahí la importancia de la V y la B; esas personas sencillas que trabajan honestamente cada día para sobrevivir, pero que también disfrutan de cada momento de la vida; esas personas que ante las desgracias miran al cielo y elevan una oración al Santísimo y a su venerada Virgen de Cinta, esperaban del Presidente un gesto de humanidad y de cercanía con aquellas familias desgarradas de dolor, ante la pérdida de sus seres queridos en el accidente de trenes de Adamuz. Sánchez ha vuelto a fallar. Los cálculos de rentabilidad política hechos por sus asesores, le han aconsejado quedarse en casita y ha enviado en representación suya a María Jesús Montero, candidata a la Junta de Andalucía. En este caso no ha tenido en cuenta la rentabilidad de la Sra. Montero en las próximas elecciones andaluzas y es que a Sánchez lo único que le preocupa es él y solamente él.
También se ha echado en falta la presencia de los líderes sindicales: Pepe Álvarez de UGT. y Sordo de CC.OO. Aunque solo hubiese sido por los 3 maquinistas muertos, sin tener en cuenta al resto de las víctimas; porque ¿un maquinista es un trabajador? ¿o no? Pero han estado callados a la espera de que llegase fin de mes para cobrar. Acaso los 3 maquinistas muertos ¿no eran trabajadores? En cambio, el ministro Óscar Puente, que no debe tener abuela, ha dicho sin ruborizarse lo más mínimo, que “mi trabajo lo hago muy bien”. ¡Ahí queda eso! Le ha faltado hacer el brindis: ¡Va por ustedes!
El 24 de enero, al terminar la misa funeral por las 45 víctimas del accidente de Adamuz, ahora desgraciadamente con la muerte de Patricia, son ya 46, una joven onubense Liliana Sáiz de la Torre, hija de Natividad muerta en el accidente, habló en nombre de todas las víctimas. Sus palabras, como una plegaria, aún resuenan en mi recuerdo y en mi corazón. Durante su intervención todos los que seguimos la eucaristía por la televisión autonómica, trasladamos nuestro corazón al Palacio de los Deportes “Carolina Marín” y durante un tiempo nos sentimos onubenses. Liliana, de repente, surgió como una ráfaga de aire puro, que despertó nuestras conciencias y nuestros corazones. En los momentos difíciles Dios es nuestro único consuelo y la Virgen, en sus distintas advocaciones, hace de intermediaria entre Dios Padre y nosotros. Liliana, con su corazón rasgado por la emoción, con serenidad y tremenda devoción rezó por todas las víctimas, pidiendo que se investigue y que se informe. Eso es lo que queremos todos los españoles, para evitar que se vuelvan a repetir este tipo de accidentes u otros similares.
Nuestros reyes Felipe VI y Leticia, como siempre lo hacen, estuvieron a la altura esperada. Nuestros reyes son más del pueblo que los que se esconden dentro del pueblo. Estuvieron cercanos, afectivos, tratando de trasmitir a las familias de los afectados palabras de consuelo. Me sorprendió, y no sé por qué, porque lo hacen siempre, el tiempo que dedicaron a dar besos y abrazos a todos los familiares de las víctimas, sin escatimar lo más mínimo el tiempo. Estuvieron cercanos afectivos y cariñosos. No hubo prisa por parte de los reyes y yo como andaluz y como español me sentí orgulloso de ellos.