Decía mi profesor de economía del máster de dirección que, al inútil y al vago de la familia de los “amos”, lo más barato para la empresa es, asignarle un sueldo de por vida y mandarlo a casa. En España; y en los países donde la familia tiene – o tenía – una gran fuerza centrípeta, con espíritu casi de clan, es una realidad; sobre todo cuando ante la carencia de burguesía, allá donde la riqueza era fruto del esfuerzo de la generación más reciente y la dirección empresarial, está en manos de personas sin más experiencia que el trabajo, el sacrificio, la suerte y la honradez, facilitados por una regulación benigna en las cargas impositivas de la administración del Estado, necesitado más de la creación de riqueza que de la presión fiscal que acogen las democracias. Es evidente de que el exceso de regulación de la legislación, tanto económica como social, ha sido letal para la economía de muchas empresas familiares que, ante una administración voraz y de intenciones exclusivamente ideológicas, se ha visto superada. Pues bien, tras un prólogo asaz aclaratorio, es cuestión de estudiar lo que está aconteciendo en España, donde la actuación centrípeta y endogámica de las familias, se ha trasladado a los partidos políticos; y, en estos momentos, la cantidad de inútiles que conforma el consejo de ministros, es prueba más que concluyente de la decadencia de un estado de derecho, al estar basado más en la soberbia y el egocentrismo que en la búsqueda del bien general; confundiendo el concepto de “bien general” por el de “bien del partido”. La política de consenso, que llevó a España a la democracia, es una reliquia en el olvido. De ahí que la juventud y muchos de los maduros, crean que la dictadura fue más efectiva al tener las medidas socioeconómicas una aplicación inmediata y los resultados saltan a la vista. Los dos ejemplos más concluyentes son, la vivienda y el empleo, en manos de dos inútiles, una sin hacer acto de presencia y la otra, escondiendo gramaticalmente la mentira del desempleo. Si analizamos, los ministerios que marcan el progreso de un país, cual son: Hacienda y Fomento, nos encontramos con una inútil total en Hacienda que miente cada vez que habla de igualdad en el reparto de la financiación de las comunidades y con un ministro de Fomento, de transportes o de lo que sea – pues ni él lo sabe - que, desde que llegó, es Othar, el caballo de Atila, entreteniéndose en “mensajitos” en favor del césar, cuando el estado de las vías férreas, raya en lo penal; sus afirmaciones de que el ferrocarril vive el mejor momento de su historia, es además de ofensivo, orático. Veremos hora si la investigación del accidente de Adamuz, es tan consistente como el de la Dana; y, sobre todo, si los pesebreros de la TV y de la prensa, se toman el mismo interés; o también, si aparece algún juez o jueza, en investigación exclusiva de un partido como acontece en Valencia. Aquí, la responsabilidad no es del PP; y hay procesados de Adif y del ministerio, con túneles sin acabar, con trenes que no caben en los túneles y comisiones de aúpa; algo que habrá que dilucidar (¿O no?). Sobre todo, en una España en la que los muertos, duelen según su residencia. También queremos escuchar al Rey, con palabras de contundencia y no tragando con los titulares del gobierno; no vamos a olvidar la vez que, ignorando la petición del gobierno de Rajoy, estuvo a la altura en octubre del 2017 y compareció hablando claro de la cuestión catalana. Y tampoco vamos a olvidar que no ha sido igual de enérgico en los últimos meses, mintiendo la Casa Real cuando aseveró que no felicitó a Corina Machado Zarzuela, alegando que sólo lo hace cuando los premiados son españoles, Obama y Santos ¿Lo son? Penoso el discurso de Nochebuena, en un ambiente más típico de la masonería que del entorno familiar habitual, omitiendo la palabra “corrupción” y copiando “crispación” impuesta por Zapatero y Sánchez ¿Crispación? ¿De quién, Majestad? Aunque sentimos vergüenza ajena, al considerar a los españoles secuestrados, torturados y detenidos en Venezuela como “Retenidos”. Una indignidad impropia del primero de los españoles. Con frases didácticas, nos convencieron en primaria, pero Vd. M. no nos va a convencer, cambiando dignidad por corona. No olvide nunca V.M. que el camino de Cartagena que siguió vuestro bisabuelo, no está cerrado; y cada vez somos menos, los que lo cerramos. ¡Allá Vd!