OPINIÓN

Esteban Requena

Lo que pasa con su médica de cabecera

29 de enero 2026 - 03:07

Una sociedad que se dice democrática debe estar bien informada de lo que les ocurre a las personas; eso es dar protagonismo real a la ciudadanía. No dejarse llevar por la inercia y asumir que los problemas no son fruto del azar es un ejercicio de responsabilidad colectiva. A continuación, me gustaría reforzar el papel del lector —sin bulos ni mentiras— y su responsabilidad, sin que ello suponga eximir al gobernante de la suya.

Lo que cabe esperar de su médica de cabecera puede resumirse en algo muy sencillo: accesibilidad en un plazo razonable, proporcional a la gravedad del proceso, a la vulnerabilidad o a las enfermedades que se padecen. Además, esa médica debería ser siempre la misma. Mantener a la misma profesional durante más de dos años reduce la probabilidad de fallecimiento, de ingreso hospitalario o de acudir a urgencias, y va disminuyendo cuanto más se prolonga la relación asistencial.

También sería deseable que esa profesional pudiera diagnosticar, tratar y realizar el seguimiento del mayor número posible de patologías, así como coordinar la “circulación” del paciente por el complejo sistema sanitario. Alcanzar la excelencia implicaría, además, que tuviera en cuenta la situación social y comunitaria de cada persona y que pudiera dedicar más tiempo a quien más lo necesita. En definitiva, su médica de cabecera debería ser accesible, estable y con una alta capacidad resolutiva.

¿Reconoce ahora muchas de las quejas que se escuchan en las colas, en las salas de espera o en los pasillos de los centros de salud y consultorios? Citas que no llegan hasta pasadas dos o tres semanas, cambios constantes de médico —cuando no la ausencia total de uno asignado— y profesionales a las que se les ha limitado su capacidad de cuidar, convertidas en escudo del hospital ante la falta de recursos.

Abandonados por las políticas y gestiones sanitarias que han decidido pagar a la sanidad privada para reducir las listas de espera, los almerienses, y por extensión los andaluces, han perdido el último refugio sanitario que les quedaba para los momentos delicados, para disfrutar de una relación médico-paciente altamente satisfactoria. Es urgente cambiar esa gestión sanitaria jibarizada, infantilizada y heterónoma que responde a unas políticas que priman el beneficio privado sobre la salud de la ciudadanía. Esa oportunidad podría estar cerca. No debemos dejarla pasar.

stats