El sábado 21 de febrero María Jesús Montero amenazó a los andaluces con un examen de lengua para revalidar el título de andaluz de pata negra. Los sondeos demoscópicos se dispararon rápidamente, cotizándose a la baja su candidatura, ya baja de por sí, en la parrilla de salida, por lo que es más que probable que se entierre el hacha de guerra y no se vuelva a hablar más del asunto. La Real Academia Española (RAE) que fue fundada en 1713, siendo Rey de las Españas Felipe V de Borbón, desde el principio tuvo como misión la regularización lingüística, promulgando normativas para tratar de mantener y fomentar la unidad del idioma español en todos los países hispanohablantes, para garantizar una norma común. Felipe V, a pesar de ser francés, quiso defender nuestro idioma, como ya se había hecho en Francia con el francés y como se lo había aconsejado su abuelo Luis XIV antes de partir para España. España y otros 23 Academias de la Lengua que hay en los países donde se habla el español, conforman la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) creada en 1951, cuyo director es el de la RAE. cargo que actualmente ostenta Santiago Muñoz Machado. Lo que más me sorprende ante este manifiesto desprecio de la izquierda a la RAE, es que nuestros académicos callan, o hablan bajito para que no se les oiga. Nadie ha dimitido.
Desde que llegaron al poder la izquierda, ultra-izquierda y los que están más a la izquierda, fue una obsesión la suya, de pasarse el diccionario de la RAE por el arco de la entrepierna. Empezaron a cambiar tontos por tonto + tonta, pero les pareció poco su osadía y agregaron el tontes y se fumaron un puro. Esto fue antes de perseguir el consumo de tabaco, hoy sustituido por la droga que engancha más; todo ello auspiciado por altos cargos del gobierno y ministros, muchos ministros, que en vez de desviar los cauces de algunos ríos peligrosos, cuando San Pedro abre las compuertas del cielo, lo que hacen es desviar parte del dinero de los españoles para francachelas y para crear puestos de trabajo en sitios imaginarios, para señoritas de compañía y desahogo de sus pasiones ¡Qué asco y qué poca vergüenza! Más pronto que tarde la justicia mandará a la trena a los culpables y ese día yo me fumaré un puro, aunque me multen.
“María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que diga la gente que María Cristina me quiere gobernar…”. Letra y música del cubano Nico Saquito que se cantó hasta la saciedad en 1959 y principio de los 60 en todos los países hispanoparlantes. Pues bien, ahora 65 años después, vamos a cambiar María Cristina por María Jesús y la canción adquiere plena vigencia. Sra. Montero, no trate de unificar el acento de los andaluces, porque los almerienses por ejemplo, tenemos más similitud en el lenguaje, gastronomía y costumbres de toda índole con un granaino, jienense o incluso murciano que, con un sevillano o gaditano, pero a pesar de ello me siento andaluz por los 4 costados y español hasta la médula. Pero me ocurre igual cuando voy a Zaragoza, que nada más pisar la Calle Alfonso I, me siento maño de toda la vida y español y cuando voy a Valladolid me siento más castellano que el Conde Ansúrez y desde luego español. Dedique su energía, que no es poca y también nuestros impuestos, que son aún más, a mejorar las vías de comunicación y a construir presas y con los parados a hacer cortafuegos en nuestros montes, porque este año, que tanto ha llovido, vamos a necesitarlos más que nunca; matorrales, arbustos y árboles necesitan una buena limpieza antes de que los pirómanos empiecen a hacer de las suyas. Sra. Montero: cállese y déjenos vivir.
El nivel cultural de Andalucía no es el mejor de España, soy consciente de ello, pero siempre se ha dicho que en Andalucía se habla mal, pero es donde mejor se escribe y así lo demuestran nuestros clásicos. Esto es cierto. Que nos comemos las eses, también es cierto, pero en regiones donde presumen de hablar la mejor lengua castellana, también hacen femenino el aceite o el vinagre por ejemplo y confunden el verbo caer por el verbo tirar. Lo que tenemos que hacer unos y otros desde los colegios y universidades, es limar estas diferencias y aplicar las normas comunes que marca la RAE, que para eso está. Y es que en todas partes cuecen habas.