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CORONAVIRUS ALMERÍA El Almendral, una pedanía con un único habitante censado

  • Adrián vive con su mujer en este núcleo abandonado de Gérgal en el que tiene un alojamiento rural

El Almendral, una pedanía con un único habitante censado El Almendral, una pedanía con un único habitante censado

El Almendral, una pedanía con un único habitante censado

Es el único residente censado en El Almendral, lo que por un lado es una ventaja ya que el confinamiento lo puede hacer al aire libre. No hay nadie alrededor, a excepción de su mujer, natural de Alboloduy, con la que vive, con quien exista riesgo de contagio.

Adrián Rodríguez es el propietario del Alojamiento Rural El Mirador de Gérgal, situado en esta pedanía situada a siete kilómetros del casco urbano. “Tengo la suerte de que El Almendral es un pueblo abandonado. Entre eso y el espacio que tengo en la finca, no es lo mismo estar en un piso de 60 metros cuadrados que en una casa de 1.300 metros cuadrados y con hectáreas de terreno, me siento privilegiado en ese aspecto por poder estar en la calle al aire libre y tener algo más de libertad”, relata.

Y es que en El Almendral “no hay nadie. En Gérgal sí se está cumpliendo el confinamiento como marca la ley”, explica, por lo que ve cuando baja al centro de la localidad para adquirir productos básicos.

Esa soledad también hace que el día se haga “largo”. “Imagino que como para todos, y aún queda, porque soy del amplio número de españoles que considera que tendremos una prórroga del estado de alarma”, afirma.

Ahí entra el ocio, y también el seguir trabajando. “Cada uno mata el tiempo a su manera. Yo intento organizar labores de mantenimiento, preparar la piscina para el verano, alimentar a los animales -dos burros y dos perros- gracias a los cuales también se hace más llevadero, leo, hago un poco de ejercicio físico y veo cine”, y añade que “los juegos de mesa también ayudan y me he convertido en un experto jugador de Cluedo, aunque mi mujer se enfada porque gano siempre”, comenta entre risas.

Pero no todo es bueno para este emprendedor. Como todos los autónomos y propietarios de negocios del sector hostelero, la actual crisis le va a pasar factura. “Los negocios que tengo son de hostelería y los debo tener cerrados. Francamente, no veo la luz, pero confiaremos en que se arregle lo más pronto posible”, comenta.

El cierre de este alojamiento rural es “la ruina” para él. “Semana Santa es una de las dos épocas más fuertes que tenemos en el año. Vivo del verano, Semana Santa y los puentes. Así que al suprimirse la Semana Santa se ha perdido gran parte de los ingresos económicos que da el sitio. Otro problema importante es que el 90% de la clientela son ciudadanos extranjeros, y con el actual cierre de fronteras, este verano seguramente sean pocos los extranjeros los que van a dejarse caer por aquí”, lamenta.

Por lo demás, Adrián disfruta “de la naturaleza” y “del cielo de la sierra de Los Filabres”. Su entorno, a los pies de Calar Alto, es pura magia.

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