Coronavirus Almería Desescalada en los pueblos pequeños: una vuelta a la normalidad en dos velocidades

La vida en Paterna del Río mantiene su esencia, pero no se baja la guradia ni se pierde el respeto a la terrible COVID-19. La vida en Paterna del Río mantiene su esencia, pero no se baja la guradia ni se pierde el respeto a la terrible COVID-19.

La vida en Paterna del Río mantiene su esencia, pero no se baja la guradia ni se pierde el respeto a la terrible COVID-19. / F. M. (Paterna del Río)

La sociedad almeriense se encuentra en estos momentos adaptándose a un nuevo periodo de apertura dentro de esa desescalada que era tan esperada una vez la pandemia por COVID-19 va permitiéndolo. Desde este lunes día 25 de mayo, Almería está en fase 2 y con respecto a la anterior, ya se amplían los grupos, que ahora pueden ser de máximo 15 personas, sin contar a las personas convivientes, pero siempre manteniendo la distancia social o medidas de protección. Además, bares y restaurantes puede abrir también dentro del local manteniendo un aforo que no supere el 40% de la capacidad.

Sin duda, unas medidas que alivian el día a día de una población que prácticamente recupera su normalidad, pero respetando unas medidas muy esenciales y que ya no se antojan un problema para cumplirlas. Sin embargo, esta desescalada no se ha desarrollado igual en todos los puntos de la provincia. Mientras que Almería suma más de 700 casos en contagios desde hacer ahora tres meses que se detectara el primero, hay municipios donde la pandemia no ha asomado. Se trata de los municipios más pequeños, esos pueblos de menos de 1.000 habitantes donde han tenido la fortuna de no diagnosticar ningún caso de la COVID-19 entre sus vecinos, lo cual no quiere decir que no haya estado el virus muy presente. De hecho, lo ha estado y lo sigue estando. Podría decirse que a flor de piel.

Uno de esos claros ejemplos es el bello municipio alpujarreño de Paterna de Río. Un bello rincón que hace solo unos días celebraba la catalogación de su iglesia, el templo de San Juan Evangelista, uno de los más antiguos de La Alpujarra, como Bien de Interés Cultural.

El pasado domingo Paterna recibía a decenas de visitantes durante la jornada. El pasado domingo Paterna recibía a decenas de visitantes durante la jornada.

El pasado domingo Paterna recibía a decenas de visitantes durante la jornada.

Aquí, en Paterna, el principal motor económico es la agricultura, un ámbito en el que ha destacado desde hace más de medio siglo. Cuenta la gente del lugar como ya en la posguerra se convirtió en la despensa de la provincia, donde se cultivaban todo tipo de frutas y verduras al aire libre. Todavía hoy, sigue manteniendo viva esa esencia, aunque ha quedado como un referente en la producción de manzanas y de castañas, este último un producto muy conocido y cotizado. De hecho, cuenta con la mayor extensión de este árbol, donde los hay que suman varios siglos, de la región. Además, el Ayuntamiento creó una fiesta en torno a su figura, que se celebra desde hace ya más de una década y que ha tenido tal acogida dentro y fuera de la provincia que en las últimas ediciones ha acumulado varios miles de personas en un fin de semana, normalmente el último del mes de octubre.

Este tipo de eventos que ponen en valor su cultura, unido a la posibilidad de práctica deportiva como el barranquismo que ofrece su entorno, ha favorecido que en el último lustro Paterna del Río acoja a cada vez más visitantes después de unos años que no han sido los mejores. Y, por el momento, la proyección es enorme.

La llegada del estado de alarma el pasado 14 de marzo devolvió el pueblo a unos años atrás. Aquí hay una población a 1 de enero de 2020 de 371 personas censadas y la tendencia es a la baja. Entre ellas, la media de edad es de 51,52 años, 0,53 años más que hace un lustro que era de 50,99 años. Además, se sitúa en cerca del centenar los que superan los 65 años, donde la franja de los 70 a 90 es la más numerosa. Ha sido precisamente ese perfil poblacional lo que a la gente del lugar le ha provocado no ya un inmenso respeto al coronavirus, sino miedo.

En Paterna llegó antes el levantamiento de restricciones horarias, algo de lo que se beneficiaron niños y mayores. En Paterna llegó antes el levantamiento de restricciones horarias, algo de lo que se beneficiaron niños y mayores.

En Paterna llegó antes el levantamiento de restricciones horarias, algo de lo que se beneficiaron niños y mayores. / E. Gómez (Paterna del Río)

Después de pasar semanas sin salir de casa, el Ayuntamiento puso en marcha todos los protocolos para que ningún paternero mayor, muchos de ellos solos, no tuviera ningún problema de abastecimiento ni atención.Medicamentos, comida, apoyo psicológico… ha sido una constante a domicilio en apoyo con Protección Civil, concejales, la responsable del Guadalinfo y los propios vecinos más jóvenes que se han volcado con los más vulnerables.

Afortunadamente para el pueblo, por sus características, hace ya días que se suprimieron las restricciones en cuanto a horarios, permitiendo así salir a la calle a pasear y recorrer sus sinuosas calles o como dicen: “Trasponer”, hasta la ermita o la Fuente Agria, en la periferia del pueblo, dos de las rutas de paseo más recurrentes entre su gente.

Hasta el momento solo habían sido algunos los que habían salido a la vega, de manera individual, para mantener unos cultivos que ahora se encuentran en plena cosecha de la fruta de hueso, como la cereza. Y es que la tierra paternera necesita de mucho trabajo, y los ‘nabos’, como se les conoce cariñosamente a los vecinos de este pequeño municipio en honor a este cultivo que también fue muy prolífico, no han parado de trabajar cumpliendo con todas las medidas.

Además de ellos, la actividad económica del pueblo se redujo durante muchos días a la actividad de la farmacia y de las dos tiendas que allí abastecen a los vecinos. Justo al inicio de la pandemia eran tres, pero María ‘la del cartero’, que ya hacía tiempo pensaba en su jubilación, se ha visto obligada dada la coyuntura a cerrar sus puertas para siempre. Algo que en un municipio tan pequeño como Paterna del Río siempre es una noticia muy triste, porque se necesita que gente joven coja este testigo.

Así, está la panadería de Ana Baños, gerente del Obrador Santa Rosa de Viterbo del también municipio alpujareño de Alcolea, en la plaza de abastos de la plaza del pueblo, y la tienda de Isabel Polo, cuñada de su hermana encalle carretera.

Mari Carmen Ocaña en la panadería del pueblo. Mari Carmen Ocaña en la panadería del pueblo.

Mari Carmen Ocaña en la panadería del pueblo.

En ambos negocios la afluencia ha sido la justa, “entrando de uno en uno y con protección, mascarilla y guantes. Nosotros tenemos puesto el gel hidroalcólico en la puerta”, explica la propietaria sobre la panadería de este obrador, que regentan normalmente su hermana Mari Carmen o bien su nuera Mari Carmen Arance, que por necesidad del pueblo ha derivado también en tienda de ultramarinos.

“Estos días, y continuaremos hasta que esto no acabe y haya seguridad para todos, llevamos la compra al domicilio de los más mayores. Hay que cuidar de ellos todo lo que se pueda”, explica Baños, quien también contaba con una sala de degustación de su amplio abanico de productos caseros en Alcolea y que tiene cerrada desde el principio y sin fecha de apertura, por el momento. “No tenemos ninguna prisa porque lo principal es la salud, además, yo fui enfermera y es algo que tengo muy presente. Esto es un negocio y seguimos manteniendo la actividad en la medida que se puede”.

La vida de los paterneros ha cambiado un poco en los últimos días, y si se le pudiera poner fecha, quizás coincidiría con la entrada en fase 1, el pasado 11 de mayo. Aunque depende de con quien hables, como en todo en la vida, hay varios prismas.

En la década de los sesenta y setenta fueron muchos los vecinos que emigraron. Algunos de ellos cruzaron el charco a países como Argentina o Colombia para buscar un futuro mejor. Pero la mayoría tuvo la capital de España como destino y, por supuesto, tienen residencia en un pueblo al que acuden cada vez que pueden y eso es sin perdonar, al menos, las fiestas de mayo, las de agosto y si puede ser la ya conocida festividad de La Castaña.

En este sentido, al inicio de la crisis sanitaria y cuando se obligó a cerrar provincias, algunos llegaron a Paterna para pasar el confinamiento en este enclave, al igual que otros muchos casos que se han dado en la provincia, principalmente en los núcleos costeros.

Qué duda cabe de que este hecho sembró algo de temor entre esas personas que viven de manera permanente, sobre todo, claro, en los más mayores. Más aún cuando todos los informativos abrían en esa época con el devastador efecto que estaba teniendo el coronavirus en Madrid.

Ese clima de cierta tensión se fue disipando al ver cómo los recién llegados se caracterizaron por su responsabilidad y apenas se les pudo ver por las calles para otra cosa que no fuera lo obligatorio: abastecerse.

“A mí se me juntó todo. Me pusieron una prótesis en la rodilla que me obligó a guardar reposo, y cuando llevaba unos días comenzó este virus. Ha sido un proceso muy muy doloroso, y bueno, voy haciendo yo rehabilitación en casa poquito a poco que me mandaron unos ejercicios”, explica Remedios Sánchez, vecina de Paterna sobre su situación en estas últimas semanas, quien asegura que desde que ha tenido una mayor movilidad y ha podido salir a la calle con su muleta “la gente del pueblo se ha estado comportando de manera muy responsable, porque la verdad es que esta enfermedad da mucho miedo. Y lo peor es que yo creo que todavía no hemos llegado y hay mucha gente que no entiende como se deben hacer las cosas. No puede ser. A mi lo que me da mucho respeto es la gente que ahora está subiendo al pueblo por pasar el día, a pasar el fin de semana y otra gente con casa.  Hay que tener mucho cuidado y es verdad que a muchos visitantes los veo sin nada”, lamenta Remedios, animada pese a las circunstancias, ya que se encuentra mejor de su lesión de rodilla y además celebra en el día de hoy el cumpleaños de su marido, Juan Vique, que soplará después 71 velas.

Remedios Sánchez, vecina del pueblo. Remedios Sánchez, vecina del pueblo.

Remedios Sánchez, vecina del pueblo.

Esta vecina tiene muy presentes a los cuatro fallecidos por coronavirus, paterneros, durante esta crisis sanitaria. Vecinos que en su día emigraron a Madrid y que han perdido la vida en estos días. Los tiene en su recuerdo y por ello muestra su nula tolerancia a la falta de responsabilidad ante esta pandemia.

La hostelería en Paterna se circunscribe a tres bares: el Alpujarreño, el bar de Miguel y el Bar de Antonio. El primero en calle Carretera y los otros dos en la misma plaza del pueblo, erigiéndose como centro neurálgico de la vida en el municipio. Es en estos dos establecimientos donde los vecinos se juntan, sino que también se puede decir que actúan prácticamente como centros de atención a los vecinos. Recados, avisos, mensajes e, incluso, hasta como tiendas. Ambos negocios, de gran solera, son parte indispensable de la sociedad paternera. Cerraron al inicio de la crisis y, a día de hoy, el bar de Miguel, de Miguel García, ha sido el único en abrir sus puertas de cara al público. Algo que hizo para la atención en la terraza desde el pasado 11 de mayo.

Aquella primera semana solo acudía la gente del pueblo y a la terraza. Muy pocos. El respeto a la situación era patente. Además, el tiempo no acompañaba. En Paterna aún se registraban temperaturas que no superaban los diez grados durante el día y normalmente Miguel cerraba el local después de comer. “Hacía muy mal tiempo y todavía bastante frío. Yo ya estaba preparado, pero tal y como comenzó la situación me permitió adaptarme mejor. Solo coloqué seis mesas en la terraza, con más de dos metros de distancia entre cada una de ellas y continuamente limpiando con lejía y otros desinfectantes”. En su caso, como aficionado a la agricultura, ha aprovechado su máquina de sulfatar para desinfectar la terraza con este instrumento varias veces al día. Un trabajo tedioso, pesado, más aún cuando tienes que atender en mesa, pero necesario y en ese sentido García es muy consciente de ello. “Ya hoy si se puede abrir, manteniendo el aforo, pero estos días atrás me ha dado mucha pena, más con el tiempo que hacía, tener que recordarle a los vecinos que no se podía pasar, más aún con el tiempo que ha hecho, porque son como de la familia”.

Miguel García desinfecta la terraza de su bar en la plaza del pueblo. Miguel García desinfecta la terraza de su bar en la plaza del pueblo.

Miguel García desinfecta la terraza de su bar en la plaza del pueblo. / E. Gómez (Paterna del Río)

Miguel reconoce que si por él hubiera sido no habría abierto, ya que, al igual que todo el mundo, tiene mucho respeto al virus, más aún llevando un negocio de hostelería en el que hay que trabajar muchísimo y poner unas medidas muy estrictas para que no se convierta en un foco. “Hay mucho gasto. Los autónomos tenemos una carga muy importante cada mes y la verdad es que ya se hace cuesta arriba. Por eso abro. Bastante tenemos con que ya hemos perdido las fiestas de mayo, y tampoco pinta bien para las de agosto… que al final son momentos que para un negocio como este son muy importantes”, lamenta este empresario, que sí tiene muy claro que “las medidas de seguridad, tanto ahora como en fase dos, como lo han sido estos días atrás, se van a cumplir a rajatabla. No voy a arriesgarme ni aquí se va a poner en riesgo a absolutamente nadie y es algo que tiene que entender todo el mundo”, asevera un Miguel que, para su sorpresa, al igual que para la del resto del pueblo, ha visto como incluso el pasado fin de semana, antes de cambiar de fase, la afluencia de visitantes al pueblo fue bastante elevada. Algo que le obligó a poner más mesas, ya que cuenta con el permiso del Ayuntamiento en esta situación excepcional para ocupar parte de la Plaza Mayor a fin de mantener la distancia mínima. “La gente de aquí, especialmente los más mayores, sí que tienen miedo. Y es algo absolutamente normal, si lo tengo yo también. Además, tengo a mi madre con 91 años y soy muy consciente del cuidado y lo responsable que hay que ser. Más allá de cualquier límite”.Por su parte, Juanita Rodríguez, propietaria del Café Bar Antonio esperó hasta este lunes, día 25 de mayo, para abrir sus puertas bajo los estrictos protocolos de seguridad. En su caso, cerca de la jubilación, no ha querido forzar ninguna situación y ha sido ahora cuando ha visto el momento oportuno, ya que son muchos los clientes habituales que tienen en este bar su segundo hogar. Otra cosa será ver que depara el próximo fin de semana, donde todo se extremará más aún, pues se prevé la llegada de bastante gente.

Este año, y por seguridad, no habrá verbena en las fiestas del Santo Cristo de las Penas en agosto

Han sido precisamente estos últimos fines de semana, con la llegada de personas de otros puntos de la provincia para disfrutar de este inigualable lugar a más de 1.200 metros de altitud, lo que ha generado cierto recelo entre los autóctonos, ya que se han podido ver algunos comportamientos reprochables en lo que se refiere a distancias mínimas y uso de EPI. Un fenómeno, este, que intentan evitar a toda cosa, ya que “parece que algunas personas se pueden llegar a creer que en un pueblo pequeño, como este, no hay problema, que aquí no llega el virus. Y no es así. Dada la avanzada edad media que tenemos hay que tener mucho más cuidado si cabe, porque lo primero son las personas”, explica Esther Gómez, agente de Innovación Local del Guadalinfo de Paterna del Río y, a buen seguro, la persona que mejor conoce a todos y cada uno de los vecinos, especialmente la vida de los más vulnerables, para0 quienes, extralimitándose de sus funciones, ayuda en todo lo que puede. Siempre pendiente de ellos y que no les falte absolutamente de nada. Las funciones de Esther a través del Guadalinfo, del que es responsable, pasan por formar a los vecinos en nuevas tecnologías. “En la medida de lo que he podido siempre me he fijado el objetivo que los niños, desde muy pequeños, se familiaricen con el uso del ordenador e Internet como una herramienta de trabajo y no como un juego. Además, la formación a los más mayores les ha venido muy bien para ir tomando contacto con estas TIC y han ido aprendiendo mucho, ganando bastante autonomía”, explica. Pero en un pueblo así, al que llegó poco después del comienzo de este siglo, y donde es una más de la familia, Esther siempre detectó que había que dar un poquito más y ayudar principalmente a las personas mayores, de las que muchas de ellas se han ido quedando solas en los últimos años y a los que ayuda en sus gestiones básicas como papeleos referentes a bancos, pensión o bien médicos. Para ella, nunca, nada, está de más por los suyos.

Esther Gómez, responsable del Guadalinfo de Paterna del Río. Esther Gómez, responsable del Guadalinfo de Paterna del Río.

Esther Gómez, responsable del Guadalinfo de Paterna del Río.

“Nosotros necesitamos que venga gente, como en cualquier otro pueblo. No podemos permitir que se siga extendiendo ese fenómeno de la España vaciada, pero afortunadamente se está viendo en los últimos años una tendencia a la visita para desconectar y disfrutar de entornos rurales, que son inigualables como es el nuestro, que tiene un gran potencial”, reconoce la responsable del Guadalinfo paternero, quien desea y pide a todos los almerienses que sigan disfrutando de Paterna del Río, pero con la precaución que se requiere en todos los lugares.

Es lunes, pasando el mediodía. Y como cada día hacia la misma hora llega con su furgoneta de reparto de la comida a domicilio de los mayores, Vicente Díaz, responsable del catering Mesón Ruta La Alpujarra, ubicado en Laujar, y que distribuye a decenas de personas en toda la comarca.

“Aquí ha habido gente subiendo como ha querido y no solo este último fin de semana, sino anteriores también. Y eso es lo que no puede ser. Te lo digo yo, además, que también tengo un negocio hostelero, el restaurante Mesón Ruta de La Alpujarra, y claro que uno quiere que venga gente, es que es necesario, cuanta más mejor, pero bien. Con responsabilidad”, explica este empresario que reconoce que en todos los pueblos que recorre a diario además de Paterna, como Laujar, Fondón, Fuente Victoria, Bayárcal o Alcolea, entre otros, “la población autóctona no ha podido ser más responsable. Yo he visto esa diferencia de manera muy clara, porque la vivo en primera persona, desde que se comenzó con las primeras medidas de apertura en esta crisis”. Tomar café o una caña en el bar, jugar al dominó en la terraza ahora que se pueden juntar más de una decena de personas en una mesa siempre que vayan juntas, acudir a la tienda o dar un paseo son cosas que hoy parecen devolver la normalidad a Paterna del Río, casi como si nada pasara. Pero solo casi, porque el recelo y la precaución existe.

Pero hay dos realidades distintas, es como si la desescalada aquí tuviera dos marchas diferentes. Una progresiva, en orden, y otra que da la sensación que se ha saltado alguna de las fases y que sobrevuela desde la mañana del sábado. El pasado domingo día 24 de mayo fue un ejemplo en este sentido. Visitantes a hacer senderismo y otros barranquismo que, como es normal finalizan su actividad disfrutando en las calles del pueblo. Igualmente, ese mediodía llegaba una concentración motera, algo habitual por aquí pero que no se producía hacía muchas semanas. Fácilmente, Paterna pudo acoger en pocas horas y durante toda la jornada tres veces su población. Algo que debe ser motivo de alegría, y que así es y será mientras los paterneros comprueben que todo el que llegue tiene la misma responsabilidad y respeto a la pandemia que ellos.

Y qué opina el alcalde del Paterna del Río, de esta situación. José Asensio, al igual que sus vecinos, pide a todos los visitantes que continúen disfrutando del pueblo, pero con la misma precaución que lo gestionan en sus lugares de origen. “La gente de Paterna se tomó muy, pero que muy en serio el confinamiento. Ha habido durante este periodo casos muy puntuales que han requerido un toque de atención, pero todos se lo tomaron de una manera impecable, imposible ser más responsables”, alaba el primer edil paternero a sus vecinos acerca de su manera de sobrellevar estos más de dos meses y medio tan complejos.

El alcalde, José Asensio recibe a militares participantes en las tareas de desinfección. El alcalde, José Asensio recibe a militares participantes en las tareas de desinfección.

El alcalde, José Asensio recibe a militares participantes en las tareas de desinfección.

Entiende además, dada la edad media de los habitantes, su preocupación, más aún ante el fenómeno que se está viviendo en los últimos quince días con la llegada de personas de otros lugares. “Han sacrificado muchas cosas, han realizado un gran trabajo en lo que a medidas de seguridad se refiere, y ven como algunas personas ahora no cumplen como se debe con las medidas impuestas. Es algo normal, porque se puede tirar por tierra la dedicación de todo este tiempo y que ha mantenido a Paterna libre de casos”. “Paterna quiere y acoge al visitante como uno más, pero las cosas hay que hacerlas bien”, apela el alcalde, porque como dicen, no hagas en casa de otro lo que no harías en la tuya. Este mismo lunes por la mañana, el servicio de limpieza del municipio tenía entre sus residuos guantes y mascarillas que han tenido que recoger del suelo. “Esto es lo que no puede ser. Y al igual que pasa aquí pasa en otros pueblos de perfil similar, tal y como me cuentan el alcalde caso de Bayárcal y de Fondón, con los que hablo a menudo”.“No entiendo esa conciencia de que a los municipios pequeños las cosas no llegan. Es necesario cambiar ese concepto para que todos, juntos, podamos disfrutar en la medida de lo posible de lo que tenemos en estas circunstancias”, resalta Asensio, quien reconoce que la celebración de las fiestas del próximo mes de agosto van a depender de cómo avance la pandemia. “Estamos dándole vueltas a la cabeza para ver cómo podemos celebrar unas fiestas adaptadas, todo eso contando que la situación continúe mejorando, porque a lo mejor mañana y esperemos que eso no pase, hay que desandar parte de lo andado. De todos depende. Eso sí, pase lo que pase, en agosto Paterna intentaría establecer unas actividades que permitan el disfrute de sus vecinos sin aglomeraciones, y por tanto la verbena sí que está descartada en esta edición de antemano”.

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