santuario en el ejido Agua para la Difunta Correa de Almerimar

  • Un santuario improvisado entre invernaderos en El Ejido se erige para una figura pagana muy venerada por los argentinos, a quien la tradición invita a llevar agua para que pueda interceder por sus devotos

  • Deolinda Correa murió de sed en 1840 y su bebé fue encontrado mamando de sus pechos varios días después

  • La zona está más limpia que hace unos meses, cuando estaba atestada de botellas y garrafas de agua. El Ayuntamiento multa por arrojar basura

Carteles de agradecimiento, botellas de agua... y al fondo Almerimar. Carteles de agradecimiento, botellas de agua... y al fondo Almerimar.

Carteles de agradecimiento, botellas de agua... y al fondo Almerimar. / Anyo

Unas cuantas botellas y garrafas de plástico llenas de agua se amontonan llamativamente en un recodo del camino del Alcor, una senda elevada que transcurre junto a invernaderos con el Mediterráneo a sus pies, a la altura del Puerto Deportivo de Almerimar. La escena no pasa desapercibida para nadie, y menos si es de noche y el tenue fulgor de alguna de las velas que también se encuentran en el paraje centellea, terminando por conferir al escenario un inquietante halo de misterio. Varias covachas improvisadas, dispersas entre sí, construcciones caseras que bien podrían parecer comederos de pájaro vistos a cierta distancia, se hacen notar entre el azul y el blanco de los recipientes de plástico. También hay cruces y flores. En el interior de una de ellas, una figura que parece de arcilla, de una mujer joven y morena, yaciente y con un pecho descubierto, amamanta a un bebé de pocos meses. La joven está muerta.

Representación de la Difunta Correa en uno de los receptáculos de Almerimar. Representación de la Difunta Correa en uno de los receptáculos de Almerimar.

Representación de la Difunta Correa en uno de los receptáculos de Almerimar. / Anyo

Pocos se acercan a un lugar tan aparentemente desasosegante que, en cambio, para algunos es sinónimo de paz, esperanza y agradecimiento. Se trata del ‘santuario’ a una de las figuras paganas más veneradas en el mundo, especialmente entre los argentinos. El rincón ejidense a la Difunta Correa, lugar de culto para unos pocos y, hasta no hace mucho, una especie de vertedero de botellas de plástico. Ahora, mucho más limpio que hace unos meses, cuando las garrafas se contaban por decenas, un cartel del Ayuntamiento de El Ejido advierte en el paraje de que arrojar basura tiene multa. Yparece que está dando resultado.

Mi marido encontró trabajo después de venir a verla”, relata Marcela, una mujer de mediana edad, natural de Buenos Aires y que lleva cinco años residiendo en El Ejido, donde por el momento piensa echar raíces. Cada semana, cuenta, viene a reponer el agua que le ofrece, y a rezar junto a la Difunta. “Deolinda hace milagros, conmigo los ha hecho, siempre y cuando una cumpla también con lo que le promete”, advierte, dando cuenta de una de las cosas que todo el mundo repite sobre esta ‘Santa’ en los numerosos foros y páginas en Internet que existen sobre ella: la Difunta Correa es una implacable cobradora de promesas. Y Marcela lo cree a pies juntillas.

Una heroína de 1840

Que no le falte el agua a la Difunta Correa, parece ser la premisa. Cuenta su historia, acontecida allá por el año 1840 en la provincia argentina de San Juan, que Deolinda Correa decidió emprender el camino a pie junto a su hijo de pocos meses en busca de su marido, que había sido apresado por participar en una refriega guerrillera. La joven mujer, agotada y sin agua, murió de sed en mitad de la senda, y fue encontrada a los pocos días por unos arrieros, que nada pudieron hacer por su vida. En cambio, sí hallaron vivo a su hijo, que en ese momento se encontraba amamantando de uno de los pechos de la finada.

Ofrendas a la Difunta Correa en Almerimar. Ofrendas a la Difunta Correa en Almerimar.

Ofrendas a la Difunta Correa en Almerimar. / Anyo

El lugar donde Deolinda fue enterrada se convirtió al poco tiempo en escenario de culto para millones de personas, que en la actualidad siguen acudiendo a venerar la memoria de esta heroína popular argentina. Y acuden con agua, claro, igual que sucede en los numerosos santuarios y altares que proliferan por toda Argentina, atestados de recipientes con el líquido elemento. Como en Almerimar, pero multiplicado por mucho. Es una especie de Lourdes, o de Fátima argentinas.

El trasiego de pequeños camiones con pimientos o calabacinos es constante junto a los altares erigidos para la Difunta Correa en Almerimar. Justo enfrente se encuentra Clisol Agro, seguramente uno de los invernaderos más populares de todo el Poniente. Algún ciclista pasa también, sin mirar al principio, pero al poco se da la vuelta, curioso, extrañado. Antes nadie retiraba las botellas, pese a que algunas terminaban balate abajo y caían sobre viviendas o explotaciones cercanas. Pero hubo quejas y la zona fue adecentada.

Cartel de prohibición de arrojar basura junto al 'santuario'. Cartel de prohibición de arrojar basura junto al 'santuario'.

Cartel de prohibición de arrojar basura junto al 'santuario'. / Anyo

El Mar de Plástico del Poniente, ese que se ve con nitidez desde los satélites tintando de blanco el sureste de España, da cobijo también a la fe por Deolinda, la Difunta Correa. Varios rosarios junto a la base de los altares sugieren que creer en la Difunta no está reñido con la ortodoxia de la iglesia. Ni con la publicidad. No en vano, el principal de los receptáculos dedicados a la argentina está decorado por la pegatina de un taller de coches. Que hoy, ya se sabe, todo es susceptible de ser patrocinado.

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