Premio Europeo La restauración del Cortijo Boquera Morilla, de Cabo de Gata, finalista europeo de arquitectura

  • El proyecto, obra del arquitecto Alvaro Carrillo, es uno de los finalistas de los Premios de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea

Foto realizada por Ernesto Artillo para la revista AD. Foto realizada por Ernesto Artillo para la revista AD.

Foto realizada por Ernesto Artillo para la revista AD. / Ernesto Artillo

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El arquitecto malagueño Alvaro Carrillo ha sido declarado finalista de los Premios de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea -Mies van der Rohe- por la rehabilitación del Cortijo Boquera Morilla, ubicado en la pedanía nijareña de San José.

Estos Premios de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea se convocan cada dos años y su principal propósito es reconocer y recompensar la calidad de la producción arquitectónica en Europa. En esta edición, han sido nominados 383 trabajos de un total de 38 países. Entre éstos, 40 serán seleccionados, y solo 5 serán finalistas. El 7 de mayo se conocerán los ganadores

Carrillo ha sido seleccionado por la reinterpretación de la arquitectura rural y tradicional almeriense en este cortijo nijareño. Este proyecto de revisión, además, ha tenido un especial interés en el aprovechamiento de la energía solar.

“La casa es un encargo privado y está situada a pocos kilómetros de Cabo de Gata El proyecto transforma zonas destinadas a las labores agrícolas en espacios habitables” comenta el propio autor. El encargo se produjo en 2017 y la propuesta consistía en transformar un cortijo de 1889, en una casa veraniega.

Tras una exhaustiva investigación casi arqueológicas, Carrillo se inclinó por plantear un proyecto que respetara al máximo lo original, recuperando los muros de piedra y sacando a la luz algunos elementos originales. “Revisé la estética de las viviendas tradicionales de Almería desde un punto de vista contemporáneo, pero sin caer en el pastiche. Buscaba que el proyecto no desafiara lo ya existente, sino que conviviera”, explica en al revista AD de marzo. El edificio principal, que en su día fue el pajar, ha recuperado sus arcadas de 7 metros que conectan con un mezzanine donde se ubica el dormitorio. En la planta baja está la cocina, el saló, un taller y ora habitación. Las estancias conectan a través de puertas de contrachapado de madera de okume y el suelo es de hormigón pulido. El patio, antes corral abierto, se presenta diáfano para recuperar momentos de la infancia del dueño cuando salía a jugar mientras su familia estaba de tertulia en el porche.

Alvaro Carrillo ha embarcado al artista Ernesto Artillo, amigo de la infancia, para firmar esta innovadora rehabilitación. El malagueño ha sido seleccionado para el Pabellón Español en la Bienal de Arquitectura de Venecia y fue finalista como miembro del estudio Fake Industries en el concurso para diseñar el Museo Guggenheim, de Helsinki.

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