Semana Santa

El Zapillo arropa al Señor del Gran Poder

  • El barrio almeriense espera deseoso la salida de su Cristo, el Gran Poder, que luce sobrio y elegante

  • El viento hizo acto de protagonismo en la Avenida Cabo de Gata, algo que no deslució su marcha hacia el centro

  • Recorrido e itinerarios de la Semana Santa

Procesionar del Gran Poder.

Volvía el Gran Poder a reencontrarse con su barrio dos largos años después. Centenares de vecinos esperaban impacientes la salida de su Cristo, que lo recibían con un emocionante silencio, como símbolo de respeto. No se notó el viento hasta que no llegó a la calle Bilbao, donde tuvo que andar con mucho cuidado el paso con los cables de la luz, que iban de casa a casa.

Eran las 18:20 y la llamada a la puerta de la Iglesia San Pío X del diputado de tramo hacía salir la cruz guía. A Nuestro Padre Jesús del Gran Poder le acompañaban a su paso unos 150 penitentes de riguroso luto que cambiaban el habitual cirio de color rojo sacramental a color tiniebla, pero los últimos cuatro penitentes mantenían el color rojo sacramental en sus cirios. Evidentemente lo más deseado para todos era la impresionante salida que debe realizar el paso del Cristo por la estrecha puerta que tiene la iglesia, ya que ésta fue diseñada para pudieran pasar personas, no un paso de grandes dimensiones como es éste. Los 35 costaleros que lo portan dieron todo lo mejor para que no hubiera margen de error, dirigido por su capataz Manuel Sánchez Amate ‘El Tachuela’. La única musica que sonaba era el andar de los costaleros, que emocionaban a su paso por las calles del barrio del Zapillo.

La llegada a la Avenida Cabo de Gata siempre es temida por su viento. Es una arteria en la que la Hermandad suele sufrir esta inclemencia meteorológica en su discurrir hacia Carrera Oficial. Sin embargo, el buen procesionar de los cofrades y el trabajo de los costaleros evitó que la estación de penitencia se desluciera.

Por primera vez, el Gran Poder conoció la Plaza de la Catedral, donde la Carrera Oficial tiene su punto culmen, puesto que estos años atrás su itinerario le devolvía al templo por las calles aledañas al Paseo de Almería. Era en la Plaza Masnou donde le esperaban saeteros almerienses para poder demostrarle su devoción a traves de su desgarrada voz.

Tras finalizar la Carrera Oficial, de vuelta a su barrio, donde nuevamente varias decenas de zapilleros le recibían para darle el último gesto de cariño antes de quedar nuevamente cobijado en el templo de San Pío X, en pleno corazón del Zapillo.

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