El Almería se abona a la victoria y logra un récord inédito en su historia
UD ALMERÍA | LA CONTRACRÓNICA
El acierto de Miguel y la seguridad de Andrés Fernández cierran una racha sin precedentes: cuatro triunfos seguidos sin dejar la portería a cero
El Almería empieza a creer: “Nos tenemos que enganchar todos al sueño de ascender”
Las cornetas y los tambores de la Banda de Nuestra Señora del Carmen fueron el aviso antes de la tormenta. Un aluvión de fútbol ofensivo protagonizado por la Unión Deportiva Almería en el primer tiempo liderado por Miguel de la Fuente, estelar en el noble arte de fajarse con los centrales rivales. En el segundo acto, la superioridad pasó del lado rojiblanco al blanquiverde, pero Andrés Fernández volvió a rebuscar en el cajón de sastre para colocarse la capa de superhéroe y sostener con sus intervenciones a un candidato al ascenso que, parafraseando a Frank Sinatra, gana su manera.
Este Almería pasa de tocar el cielo a asomarse al abismo antes de que acabe una marcha procesional. Una inestabilidad tan veloz como las carreras de Jon Morcillo, factor desequilibrante de los indálicos en los primeros minutos. El extremo vasco fue protagonista en el arranque de la contienda con sus apariciones por el sector izquierdo. Sin embargo, todo el caudal ofensivo no terminó transformándose en lo que mejor sabe hacer este conjunto: goles. Sergio Arribas acarició el primero con un zurdazo que se estrelló con la madera. No fue el día del madrileño, que en la segunda mitad perdonó un mano de mano que recordó a la ocasión que dispuso contra el Celta de Vigo en Primera División.
Quizás, la gran diferencia con aquella ocasión, además del banquillo en tiempos de Vicente Moreno, es que el delantero era Ibrahima Koné y, contra el Córdoba, el nueve era Miguel de la Fuente. La elaboración queda en un segundo plano cuando el camino a la portería rival se reduce a un pase en largo de Nelson Monte y que el vallisoletano se busque la vida. Y, con dos sencillos pasos, el Almería se puso por delante en el marcador. El atacante se adelantó a Álex Martín e Iker Álvarez y, con un toque sutil con la puntera, se quitó de encima a los dos rivales y marcó a placer.
De sutileza en sutileza. Porque la pizarra también gana partidos. En el segundo gol de los locales, Miguel de la Fuente asistió a Álex Muñoz con otro perspicaz movimiento que posibilitó que el defensa se adelantase a todos y marcase su tercer tanto de la temporada. No solo en el plano ofensivo, sino que los dos laterales del conjunto rojiblanco dieron un paso adelante en la retaguardia contra dos peligrosos perfiles como Jacobo y Carracedo.
La excelencia de la primera parte, a la altura de las completadas contra Racing o Eibar, derivó en una peligrosa tendencia del Almería, que va de más a menos en los encuentros. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿El cuadro unionista se desconecta o el rival aprieta? Depende de la visión de cada uno, aunque es cierto que contra los califas hubo una notable mejora de la tropa de Iván Ania. En ese momento de incertidumbre, cualquier duda acabó siendo resuelta por el de siempre: Andrés Fernández. El murciano está siendo el futbolista más regular en esta segunda vuelta y vuelve a valer un potosí.
El inédito récord del Almería
En ese segundo tiempo guadianesco, Miguel de la Fuente volvió a deleitar a la parroquia rojiblanca con una jugada en la que controló una lavadora, mantuvo la calma de espaldas a la portería y filtró un pase a Arribas en la mencionada oportunidad del mediapunta. De desacierto en desacierto, porque la del Almería no fue la única desconexión del partido. En el tanto del Córdoba, hay un evidente empujón a Álex Muñoz. ¿Por qué este no y el del Albacete contra el Deportivo de la Coruña sí? Una cuestión más para el comité arbitral que para los lectores, qué duda cabe.
Con más o menos sufrimiento, lo más destacado es la impronta de un Almería que sumó su cuarta victoria consecutiva en el campeonato liguero y, por primera vez en toda su historia, lo hace sin sumar una sola portería a cero. Un registro que muestra el nivel competitivo del equipo, pero también la dificultad para echar el candado, probablemente el último paso para alcanzar la sublimidad en todos los niveles.
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