Un paseo a través de la historia económica de Abla

Los molinos de agua representan parte del desarrollo económico de los municipios cercanos a ríos. Ahora, casi todos abandonados, son auténticas reliquias de la zona

El Acueducto de Las Juntas es una de las reliquias más importantes de Abla.
El Acueducto de Las Juntas es una de las reliquias más importantes de Abla.
Alberto M. Molina

26 de febrero 2009 - 01:00

De muchos de ellos sólo quedan los vestigios de los que fueron zonas fértiles alrededor de los intensos caudales de agua de los ríos. Pero, en la actualidad, muchas se han convertido en zonas áridas, sin la mínima señal de los símbolos de desarrollo económico que fueron de los pueblos almerienses cercanos a los cauces de los ríos.

Los molinos de agua forman parte de la seña de identidad de gran parte de la comarca del Nacimiento y conforman, en su mayor número, el patrimonio histórico de la localidad almeriense de Abla.

Su Ayuntamiento, en su afán por recuperar tradiciones y vestigios del pasado, organizó hace dos años, con motivo de las fiestas, una ruta destinada a dar a conocer a todos los visitantes y a los propios vecinos de la localidad unos aspectos de la vida de la zona que marcaron una época y que, en el caso de algunos de estos molinos, siguen siendo parte importante en los quehaceres diarios de algunos abulenses.

Se trata de una ruta todavía sin señalizar pero que el Ayuntamiento de Abla espera poder poner en marcha de forma oficial en poco tiempo.

El camino comienza en las estribaciones de Sierra Nevada, en una zona surcada por los cauces fluviales al norte del río Nacimiento y al sur la Rambla de los Santos, decantada por las barreras montañosas de la Sierra de Baza y Sierra Nevada, a 825 metros por encima del nivel del mar.

La ruta de los molinos de agua de Abla se inicia en las inmediaciones del Mausoleo Romano, en la antigua N324 y la primera parte nos llevará, por el camino del Pago del Moral, hacia el río Nacimiento, hasta el Molino del Moral.

Continuando por el cauce del río, la ruta nos lleva has la barriada de Los Hernández, justo en el límite con el término de Las Tres Villas, donde se localiza el molino Nuevo, cuya maquinaria artesanal se encuentra, hoy en día, en buen estado de conservación.

Continuando con el camino, y antes de llegar a Los Milanes, otra de las barriadas de Abla, nos encontramos con el Molino Los Pollos, que según han documentado algunos historiadores como Antonio José Ortiz, ya existía en 1571.

Una vez pasado el caserío de Las Juntas, hay que tomar la salida de Camino Real, que conduce directamente hacia el acueducto de Las Juntas, con sus siete arcadas, que transportaba el agua hasta el desaparecido Molino de Los Arcos.

El acueducto de Las Juntas merece una especial mención y un reconocimiento hacia los vecinos de Abla, ya que si en la actualidad se encuentra en pie es gracias a ellos mismos.

La Junta de Andalucía decidió, al realizar el trazado de la Autovía del 92 que ésta pasaría por la zona, destruyendo una de las construcciones de piedra más importantes de la provincia. La presión popular hizo que la administración andaluza rectificara el proyecto y además, el acueducto se encuentra en la actualidad bajo la protección de Cultura.

Muchos son los vecinos de Abla los que apuestan por restaurar el viejo molino de Los Arcos y convertir el lugar en una zona de aprendizaje de los viejos usos de la molienda.

Siguiendo por el Camino Real, llega el momento de coger la rambla de Los Santos para poder acercarse al Molino del Peñón, que todavía conserva su cubo escalonado, junto al molino arruinado durante una riada producida en 1953.

Ascendido por el cauce de la Rambla, por la vereda situada al margen derecho, se llega al Molino de las Peñuelas, que no está en uso pero que conserva el caz y el cubo en buen estado de conservación. Poco más adelante, se encuentra la antigua Carretera Nacional, que lleva de camino a Abla, última parada de la ruta.

La ruta de los molinos de agua de Abla tiene una longitud de en torno a diez kilómetros, que recorre contrastadas zonas de almendros, desierto y la más frondosa vega. Las fuerte lluvias y nevadas recogidas durante este invierno hacen que la ruta haya adquirido una gran belleza, ahora que está cerca la primavera ya que los campos empiezan a verdear y muchos árboles se encuentran en pleno proceso de floración.

Pese al abandono que sufren muchos de los molinos de agua, todavía es posible poder imaginar las manos del afanado molinero convirtiendo el trigo en harina y que, gracias a la colaboración del propietario del único molino que actualmente está habitado, es posible conocer de primera mano en que consistía el trabajo dentro de estas estructuras que en tantos sitios de la geografía española representan algunas de las postales más famosas.

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