Verdades absolutas

02 de enero 2026 - 03:06

Corren malos tiempos para las verdades absolutas. Fácil resulta advertir que por la prevalencia de una teoría, la del relativismo, cuyos principios niegan o refutan ese carácter absoluto, terminante, decisivo y categórico del conocimiento y lo hacen depender del sujeto que conoce. Más difícil todavía es la vigencia de las verdades absolutas si se tiene en cuenta su naturaleza de afirmaciones o aseveraciones fijas y por eso inmutables, verdaderas en todo tiempo y lugar y por tanto nada circunstanciales ni coyunturales. La filosofía, en su racionalización característica, las considera materia de interés, puesto que afectan al conocimiento de la realidad y dan sentido al obrar humano, además de resultar objeto relevante para la lógica. Y son también las verdades absolutas propias de las religiones, toda vez que, ante las dificultades de la razón para escrutar la entidad constatable de tales verdades, asiste la fe para acomodarlas en el inventario mayor de las creencias procedentes de verdades reveladas. Se ha dicho mayor, porque ejemplos de verdades absolutas, pero menores, son fáciles de encontrar: la palabra “verdad”, precisamente, tiene seis letras; la Tierra gira sobre sí misma; los humanos no tienen alas. De manera que tales verdades responden al principio de no contradicción, esto es, no pueden “ser” y “no ser” a la vez y con el mismo sentido; se deben a lógicas científicas; corresponden a certezas biológicas, o derivan del principio de la causalidad -que no casualidad-. Es más, las verdades absolutas se prestan a la paradoja, ya que, ante el conocimiento o la interpretación sobre qué es la verdad, afirmar, por ejemplo, que “no es posible saber qué es la verdad” lleva a que, quien así lo manifiesta, considere que está diciendo una verdad, o que su afirmación es verdadera. E incluso, en la dialéctica con los valedores del relativismo, afloran tales paradojas y contradicciones, toda vez que no parece coherente sostener que nada hay correcto o incorrecto, en una proclama categórica, y hacer de ello una verdad absoluta, o reprochar a quienes adoptan estas y excitan a los relativistas por ello. La vida cotidiana requiere el juego y la alternancia de las verdades, absolutas y relativas, ya que la existencia humana necesita tanto de fundamentos firmes, con los que sortear los desequilibrios y amenazas de las coyunturas, como de la relativa acomodación a las circunstancias. Mas no se olvide, en fin, que negar las verdades absolutas es una prueba de su existencia.

stats