La gran aliada para el desarrollo y la despoblación

02 de enero 2026 - 03:06

Desde el punto de vista productivo es bien conocido el liderazgo de nuestra provincia en producción hortícola eficiente y en la moderna e innovadora industria de la piedra, sectores en los que es referencia internacional. Pero, además, la Almería interior esconde un motor económico silencioso, un tesoro menos visible pero igualmente vital para nuestro equilibrio territorial: la actividad cinegética. La quebrada orografía almeriense ofrece una diversidad que pocos lugares en Europa pueden igualar. El catálogo cinegético que Almería ofrece en sus 739 cotos es excepcional.

Lejos de ser sólo una tradición arraigada, la caza puede convertirse en un aliado estratégico para el desarrollo del interior de la provincia, actuando como un seguro de vida contra la despoblación, un imán para un turismo de calidad que busca experiencias auténticas en entornos naturales únicos. Desde el majestuoso rececho de la cabra montés y el ciervo en la Sierra de los Filabres hasta el arte centenario de la perdiz con reclamo, declarada recientemente por la Junta de Andalucía como Bien de Interés Cultural, el sector cinegético no sólo puede atraer a un turismo de calidad con un interesante nivel de gasto, sino que genera empleo donde más se necesita. Ante el complejo reto de la despoblación del mundo rural, la gestión cinegética sostenible se presenta hoy como una herramienta indispensable para el equilibrio medioambiental y la prosperidad de los municipios rurales almerienses.

La actividad cinegética en Almería está integrada en el territorio y es responsable de una inyección económica que llega directamente a los municipios más pequeños. La caza sostiene una red de empleos directos e indirectos (12.000 y 33.000 respectivamente a nivel regional) que no pueden deslocalizarse: guardas de coto, guías, veterinarios, empresas de transporte, personal de hostelería…

Todas las modalidades son interesantes como generadoras de actividad, aunque quizá las de caza mayor son las más llamativas. El rececho de la cabra montés y el ciervo, modalidad selectiva y técnica, cuyos permisos de caza puede alcanzar precios de varios miles de euros en subasta en el caso de un macho montés medalla de oro, o las monterías que pueden movilizar a más de un centenar de personas entre cazadores, acompañantes, rehaleros, organizadores y postores, son activos formidables para la economía del corazón de nuestra provincia . El perfil del cazador de montés suele demandar hoteles rurales con encanto o casas rurales completas, ocupándolas en temporada baja. El cazador reconoce y busca el producto local. El impacto se nota en las carnicerías que preparan embutidos artesanales y en los restaurantes que ofrecen platos de caza, movilizando sectores que tradicionalmente solo funcionaban en puentes o vacaciones de verano. Este flujo de visitantes de fuera de nuestra provincia genera un “efecto embajador”. Los cazadores no sólo gastan en restauración sino que, acompañados por sus familias en muchas ocasiones, antes y después de cazar hacen turismo en nuestros pueblos y conocen la oferta cultural de nuestra provincia. El cazador que llega a nuestras sierras por la cabra montés o el ciervo, a menudo descubre nuestra rica gastronomía, encantos almerienses tan desconocidos aún fuera de aquí como el Observatorio Astronómico de Calar Alto, o joyas como el Castillo de Vélez-Blanco, convirtiéndose después en un promotor turístico de la provincia en sus lugares de origen. La caza tiene, pues, una dimensión turística muy destacada cuyo desarrollo ofrece sin duda un amplio recorrido al servicio del progreso de la Almería rural.

Pero no sólo la caza mayor dinamiza nuestros pueblos. Las modalidades de caza menor mantienen viva la economía de las zonas rurales durante los meses de otoño e invierno. Desde ese punto de vista sería, por tanto, la aliada perfecta también para romper la estacionalidad del turismo. Mientras el turismo de sol y playa vive su temporada baja, las casas rurales y alojamientos del interior provincial pueden beneficiarse de la ocupación generada por cazadores que se desplazan de otros puntos de Andalucía y España. Destaca por su trascendencia cultural y económica la caza de la perdiz roja con reclamo, tradición centenaria profundamente ligada a la identidad y al mundo rural almeriense que es una actividad de enorme peso específico en el PIB rural de Almería. El cazador es un cliente fiel que genera un flujo de ingresos constante en ventas, restaurantes y bares de nuestros pueblos, que de otro modo verían su actividad reducida al mínimo en invierno. La caza es una actividad profundamente social, que no se puede entender sin el café previo compartido entre los cazadores y en la que por supuesto no faltará el almuerzo o comida posterior.

La caza en Almería no es sólo una actividad deportiva; es un seguro de vida para el mundo rural.

En una provincia que lucha contra la despoblación en sus zonas de interior, el sector cinegético aporta dinamismo, identidad y actividad económica. Almería tiene en su biodiversidad y en su gestión cinegética un activo estratégico que, bien gestionado, seguirá siendo fuente de prosperidad y un reclamo turístico que contribuye al futuro del mundo rural. Como generadora de empleo, conservadora de ecosistemas y reclamo de un turismo de calidad que rompe con la estacionalidad, la caza merece ser reconocida como una pieza clave en el puzle del desarrollo sostenible de Almería.

Desde la Junta de Andalucía tenemos claro el desafío, y queremos seguir afrontándolo de la mano de la Federación Andaluza de Caza y todo el sector cinegético: evolucionar para conservar, gestionando el entorno desde el conocimiento científico y con pasión para que las futuras generaciones sigan encontrando en el monte almeriense una fuente de cultura y prosperidad.

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