Juicio Gabriel Cruz Ana Julia: de los juegos de mesa en la cárcel al juzgado

Ana Julia en una manifestación por Gabriel poco antes de ser detenida Ana Julia en una manifestación por Gabriel poco antes de ser detenida

Ana Julia en una manifestación por Gabriel poco antes de ser detenida / Javier Alonso (Almería)

“Educada, de ánimo estable, muy fría y con carácter. Ana Julia Quezada es una mujer con un temperamento muy fuerte y así lo ha demostrado desde el primer día que ingresó en el Centro Penitenciario El Acebuche”. Esta es la descripción que aportan sobre la autora confesa de la muerte del pequeño Gabriel Cruz quienes tienen contacto con ella a diario en la cárcel de Almería.

Para muchos funcionarios no ha sido fácil tratar con ella. No porque su comportamiento sea inadecuado, sino por el sentimiento que despierta por lo que hizo con el menor. Sin embargo la profesionalidad ha estado por encima de todo en este tiempo. Tampoco ha sido fácil para el resto de los internos de la cárcel. De hecho en alguna ocasión, como ha salido a la luz en los medios de comunicación, ha tenido discusiones y enfrentamientos con alguna compañera. Y esto ha sido precisamente lo que llevó a Ana Julia a solicitar a la dirección de la penitenciaría hacer vida en un régimen especial para evitar más enfrentamientos o problemas de convivencia.

Ana Julia Quezada, después de un tiempo haciendo vida normal entre rejas, con horas de ocio, de comedor y de zonas comunes con el resto de las internas, ha pasado a estar prácticamente aislada. Fuentes de la prisión cercanas a la presa han relatado a Diario de Almería que “ocupa una celda junto a una compañera (ésta cumple condena por un delito contra la propiedad), en una galería pequeña del módulo de mujeres en la que únicamente está ocupada la suya. Las funcionarias le dejan la puerta abierta para que pueda pasear cuando lo desee por toda la galería (con puertas de seguridad en los accesos a otras dependencias).

Duerme junto a su compañera de celda y también juntas hacen muchas de las actividades a lo largo del día, pero siempre en solitario, es decir, que Ana Julia Quezada sólo sale de su celda cuando el resto de las mujeres de El Acebuche han terminado de comer y se han ido a echar la siesta. Es entonces cuando ella aprovecha para pasear por las zonas comunes, va de forma regular a la peluquería y, sobre todo, ocupa su tiempo con la lectura y le gusta mucho jugar a juegos de mesa. Ha cambiado varias veces de compañera en este tiempo y con esta última parece que es con la que mejor ha congeniado”.

En prisión Ana Julia va de forma regular a la peluquería

Así un día y otro. La acusada del crimen del niño Gabriel mata los días y cuenta las horas para conocer la sentencia del jurado que va a juzgar el horrible suceso que la llevó a estar privada de libertad y por el que la sociedad no la ha perdonado. De esto es consciente.

Fuentes de cercanas a Quezada en El Acebuche han asegurado a este periódico que “tiene perfectamente asumido que la van a condenar con la prisión permanente revisable, y prácticamente lo tiene asumido desde el primer día. A partir de ahí, lo único que quiere es que este proceso pase pronto para poder solicitar que la trasladen de cárcel. Y no porque en El Acebuche haya estado mal, todo lo contrario. Su intención es irse al Centro Penitenciario de Burgos para, en primer lugar, alejarse de la presión mediática que le supone estar en Almería, pero también, supuestamente, para acercarse a su hija con la que, sin embargo, no ha tenido contacto en este tiempo que lleva encarcelada. No ha recibido más visitas que las de sus abogados, ni llamadas de teléfono”.

Ana Julia Quezada únicamente ha estado en el programa de prevención de suicidios al principio de ingresar en prisión. Fueron apenas unos días, no más de dos semanas, y fue, como han confirmado fuentes de la prisión, “porque es el protocolo que se le aplica a todos los internos que entran en la cárcel por este tipo de delitos”.

Enfrentamientos destacables con el resto de internas únicamente ha tenido uno, con una interna que al día siguiente salía en libertad y le recriminó todo lo malo que había hecho. Después, ella misma ha sido la que ha querido evitar cualquier altercado. No quiere trato con las otras presas. Varias veces se habló de intento de suicidio, pero fuentes de la prisión aseguran que “no fueron más que llamadas de atención sin ninguna intención real de quitarse la vida, como por ejemplo rasguños con una cuchilla de afeitar”.

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