"Basta contemplar una imagen sin leer el texto para que las palabras broten"

Antonio Montero pone la prosa en cada imagen.
Fran Murcia / Almería

01 de noviembre 2010 - 01:00

La imagen convertida en poesía. Es lo que ha conseguido Antonio Montero de la colección Almería, Cumbres y Calas, que con su prosa ha acompañado de forma perfecta la belleza e idiosincrasia de los espectaculares paisajes de la provincia.

-¿Cómo se anima a escribir un texto para cada paisaje?

-La imagen es el mejor estímulo para escribir. De hecho, ya había pedido algunas fotografías a Javier para ilustrar colaboraciones literarias. Es verdad que las musas deben coger al que escribe puesto en la faena, pero una buena imagen inspira con contemplarla y leerla despacio. Y no será cuestión de dirimir si una imagen vale más que mil palabras, sino de entender que pueden leerse, de la misma manera que las palabras hacerse imagen. Bien podrá comprobarse esto con las entregas: basta contemplar una imagen sin leer el texto, para que las palabras broten por la evocación, o leer el texto sin ver la imagen, para que las palabras encuadren un paisaje. La prueba final es hacerlo a la vez, ver y leer, y, tal como esperamos, que la conjunción resulte afortunada.

-¿En qué se inspira para escribir estos textos?

-En cada imagen de Javier Parra, que él suele documentar con una acertada precisión, se confabulan numerosos argumentos. Unos más explícitos, que se ven en lo que las imágenes muestran. Y otros recreados por lo que esas fotografías puedan evocar o sugerir al que escribe. Cruzar ambos planos, conjugarlos en un breve texto, no siempre resulta fácil, pero las fotografías de Javier son grandiosamente elocuentes: hablan con propiedad y hacen que se escriba de ellas.

-¿Hay algún lugar que le ha costado menos a la hora de expresar?

-Las fotografías de Javier Parra reclaman pronto la escritura, pero algunos lugares, algunas imágenes, lo consiguen de manera especial. Es el caso del Cabo de Gata y, de forma particular, la Cala Grande. Se trata de una magnífica fotografía donde el encuentro de la tierra y el mar, el contraste de los perfiles y los planos, o el lenguaje del color hacen que las palabras se enhebren para contar tanto lo que manifiestamente se ve como lo que, de manera más o menos subjetiva o recreada, puede escribirse de eso mismo que se ve.

-¿Ha subido a alguna de las cumbres?

-Guardo sensaciones inolvidables, por ejemplo, del Calar Alto, nevado, cerca del Observatorio, porque a la altura de la cumbre se une la mágica fascinación del universo entrevista por el telescopio. Y porque, también, el consabido argumento de la aridez y de los secarrales se desvanece pronto con la mayúscula orografía almeriense.

-¿Cómo valora el trabajo realizado por el fotógrafo?

-Estoy seguro de que sus fotografías van a ser ampliamente reconocidas y valoradas. Las ha trabajado con sumo esmero y dedicación. Senderista a la vez que fotógrafo, estudia y conoce bien cada uno de los enclaves; sabe, de manera más que a propósito, cuándo el paisaje se presta a la fotografía; y maneja con plena solvencia las técnicas de la composición panorámica. Ésta es una de las claves principales: reconocer, o conocer por vez primera, paisajes y enclaves almerienses en un encuadre panorámico que los engrandece todavía más.

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