Puerta del Sol (IV): Oratorios públicos
Crónicas desde la ciudad
El deán catedralicio Gabriel Pascual Orbaneja adelantó en su libro "Vida de San Indalecio y Almería ilustrada en su antigüedad" los nombres de la primera decena de ermitas erigidas en la capital
EN el marco de la devoción popular, la Iglesia católica española ha dispuesto secularmente de dos espacios externos bien definidos en los que el feligrés -desde la credulidad sincera o henchido de fanatismo religioso- mostrar (y demostrar) sus inquietudes espirituales: procesiones (semana Santa, Corpus, patronales) y oratorios o ermita públicas; diferenciadas físicamente del templo parroquial, aunque adscritas a ellas, a su jerarquía y ordenamiento. Capillas generalmente de reducidas dimensiones y dedicadas al culto intermitentemente, en fechas predeterminadas. De erección regia o a expensas de miembros de la milicia y nobleza, fueron fundadas con un doble sentido de funcionalidad y simbolismo, formando desde el primer momento parte de la Almería cristianizada por los reyes de Castilla y, junto a las torres-campanario de iglesias y conventos (masculinos y femenino), configurando el paisaje del nuevo ámbito de poder religioso. No necesariamente en descampados, medio rural o alejadas de núcleos habitados. Es más, muchas de ellas solían establecerse sobre primitivas mezquitas urbanas o adosadas a las puertas de las murallas, sirviendo de oratorio y encomienda a los viajeros que partían de la ciudad.
Es en el Antiguo Régimen monacal y monárquico donde cobran mayor auge. En el seno de una sociedad fuertemente sometida al catolicismo excluyente que muestra su gusto por la exhibición barroca; cuando no como ostentación de supremacía frente a la anterior cultura musulmana. La demolida ermita de San Gabriel (en la calle Real) es un claro ejemplo. No por la magnificencia del recinto y sí por la centricidad, clero que la asiste y alto número de fieles que la frecuentan, especialmente en la onomástica de su patrón y en la festividad del Corpus, al ser ésta parada obligatoria de la Custodia durante su recorrido de alabanza por la "carrera chica", acotada en el perímetro callejero de mayor relevancia social .
DEÁN ORBANEJA
Dado a la imprenta (la del también almeriense Antonio López Hidalgo) en 1699, a Gabriel Pascual Orbaneja (Málaga, s.XVII-Almería, 1690) se debe "Vida de San Indalecio y Almería ilustrada en su antigüedad, origen y grandeza". A expensas de su hermano José y dedicado al conde de Oropesa, es el primer libro -que yo sepa- editado en Almería y el que, junto a la biografía del primitivo patrón de la ciudad y relato de las vicisitudes de la diócesis urcitana, nos proporciona copiosa información sobre el devenir histórico local. Llegó a la seo de la Encarnación en 1674 y dos años después ascendió al deanato, en el que se mantuvo hasta su fallecimiento. Es sin duda la obra por la que se le recuerda, aunque Tapia Garrido siembra la sospecha de si plagió o no en parte a otro clérigo, Fernando Charrán. Sea como fuese, tuvo a su disposición el archivo catedralicio y el Libro del Repartimiento (civil) de la Ciudad, que no es poco .
VIDA DE SAN INDALECIO
Habiendo referido las Iglesias Parroquiales de esta Ciudad de Almería, debo traer a la memoria las Hermitas (con "hache") de devoción que tiene dicha Ciudad, respecto de haber sido las más de ellas Mezquitas en tiempos de los Moros, y así los señores Reyes Católicos, como los señores Obispos las dedicaron y consagraron al Divino Culto con los títulos y advocación de su grande y celosa devoción.
Permanecen hoy las siguientes: la de San Juan Evangelista en la Alcazaba, la de San Gabriel en medio de la Ciudad, la de San Roque en la situación que llaman la Chanca, a la entrada de la Judería; la de San Cristóbal en lo alto del monte que está por encima del barrio que dicen de las Peñas, la de San Lázaro en las Huertas y San Antón en la Almedina, junto a la Catedral antigua. Hubo también dentro de la Almedina otra Hermita de Santa Ana y que con los temblores (terremoto de 1522) pereció su fábrica (obra construida), cuando se arruinó lo más de la Ciudad, que estaba en aquel sitio y cuya imagen de Santa Ana, de bulto, pasó a la Parroquial de San Juan. También hubo otra de Santa Lucía, que estaba fundada en el mismo sitio donde hoy está la Parroquia de Santiago y se consumió (integró) con la nueva fábrica de la Parroquia, si bien ha quedado la memoria de una Capilla de su devoción dentro de dicha Iglesia, que la mandó labrar Don Francisco Juárez y Guiomar de Sanabria, su mujer. Consta por la escritura de donación del Patronato de ella, que hizo Don Francisco Barrientos al Licenciado Don Sebastián Percebal, ante Cristóbal Delgado, el año de 1685 (...) Por la tradición inmemorial de padres a hijos se ha tenido siempre haber sido todas Mezquitas (…) La de San Juan Evangelista de la Alcazaba, San Gabriel, San Roque y Santa Lucía lo fueron, pues por el libro antiguo de los censos, que los tienen hoy las Fábricas generales de la Ciudad (patrimonio propio municipal), y Obispado, parece tenían dichas Hermitas censos particulares y dotaciones que fueron de los señores Reyes Católicos en el repartimiento que hizo a las Iglesias de esta Ciudad de los bienes que poseían dichas Mezquitas (las dotaciones datan de 1521 a 1542).
(…) De la Hermita de San Roque se halla que la Iglesia la ornamentan, pero los censos que tenía su dotación los posee y goza el Cabildo de esta Ciudad (Ayuntamiento), por cuyo título el día del Santo a Vísperas, y Misa, acude la Universidad de los Beneficiados (canónigos de la catedral), y la Ciudad paga el estipendio de esa memoria y el trabajo de dicha asistencia. De la Hermita de San Sebastián ya tenemos dicho fue Mezquita y que los señores Reyes la dedicaron a Hermita, por haber sido el sitio donde entregó el Rey Zagal las llaves de la Ciudad y fortaleza (…) Y como en ella se fundó el Convento de la Santísima Trinidad en su primera fundación, y por último próxima a ella se fabricó la Iglesia nueva Parroquial de San Sebastián.
La de San Lázaro, San Antón y Santa Ana, si hemos de estar a la tradición, también afirma (que) fueron Mezquitas, pero muy posible es que fueran erecciones de algunos Caballeros ganadores en reverencia y devoción de sus Santos devotos; o de el pueblo a expensas de sus limosnas (…) Muchas, o las más de las Mezquitas que había en diversas Ciudades y Lugares, las consagraron y dedicaron a Iglesias, porque donde Dios y Nuestro Señor había sido ofendido, allí fuese reverenciado y adorado. A las cuales Iglesias, en virtud de diversas Bulas Apostólicas, con su franca mano hicieron sus Majestades donación de las tierras, posesiones y bienes que las dichas Mezquitas tenían; y esto mismo hicieron en esta Ciudad de Almería y su Obispado. A los cuales bienes llamaron con voz morisca Habices, y parece que en esta parte se conformaron con la cláusula de la erección, que así lo dispone".
Tras lo expuesto por Orbaneja en el epígrafe concreto dedicado a "Hermitas", varias de ellas están contempladas en las Repuestas al Catastro de la Ensenada (1773), Censo de Floridablanca (1787) o Diccionario Geográfico (1845) de Pascual Madoz. Con puntuales apostillas a las ya enumeradas, mañana daremos cuenta de las abiertas posteriormente, intra y extramuros.
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