Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
DESDE antiguo, salvo excepciones, los monarcas españoles hicieron continua dejación de sus obligaciones en materia de salud y asistencia pública de ciudades y villas. Dicha tarea y los gastos que aparejaban (inclusas y hospicios, hospital de peregrinos y mendigos, asilos y comedores, viático y entierros) recayeron en contados miembros de la nobleza y, especialmente, en la Iglesia católica: de su propio patrimonio, órdenes religiosas monásticas, obras pías, hermandades y cofradías. No fue hasta mediado el siglo XIX cuando el Estado auspició la creación de Juntas Provinciales y Municipales de Beneficencia, sufragadas por Diputación, Ayuntamiento (en sus archivos se conserva la documentación generada).
INFANCIA DESVALIDA
Los orígenes de los Consultorios de Niños de Pecho y Gota de Leche datan de finales del XIX; por tanto, muy posteriores a nuestra Beneficencia, con la diferencia que, aunque subvencionadas, eran de titularidad privada. Según la bibliografía manejada, el primero de ellos dependía (1892) de la maternidad del Hospital de la Caridad de París, dirigida por el doctor Pierre Budín; aquí no sólo atendían los nacimientos sino que enseñaban a las madres elementales cuidados del bebé. Otro francés, el Dr. Variot, introduce la lactancia artificial (leche de vaca esterilizada en autoclave) en los casos en que no pudiesen amamantarlos; práctica generalizada a partir de ahora país. Curiosamente, el nombre de "La Gota de Leche pertenece a un poema romántico de Alfred de Musset.
Rafael Ulecia y Cardona introdujo la institución en España. El primer centro abre en Madrid (1904) y a renglón seguido el pediatra Vidal y Solares (con experiencias similares anteriores) inaugura en Barcelona el Servicio Lácteo Infantil, adscrito al Hospital de Niños Pobres. Desde su fundación su filosofía se atuvo a unas coordenadas inalterables: atender a niños pobres en sus necesidades más primarias, proporcionándoles una alimentación sana y abundante controlada por especialistas. La Gota de Leche experimentó una expansión escalonada, sobresaliendo Andalucía: Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba, Huelva y Almería. En ciudades como Logroño, Bilbao, Valencia, Mallorca, San Sebastián o Melilla tuvieron gran arraigo y estima entre el vecindario (por razones profesionales visité frecuentemente la de la ciudad autónoma, situada junto al río y dirigida por el Dr. Juan Rutllán).
La de Almería se constituyó en 1927, contando desde el principio con el entusiasmo de Luis Belda, el pediatra José Soriano Romera, el generalista Juan Martínez Sicilia y del farmacéutico Juan Vivas-Pérez Bustos. Los cuatro pasaron a formar parte de la Junta Provincial de Protección a la Infancia y Represión de la Mendicidad por indicación de Matías Huelín Múller, nombrado gobernador Civil por el Directorio del general Primo de Rivera. Huelín dirigió un oficio al Ayuntamiento instando a que contribuyesen a la fundación de La Gota de Leche (en sesión del 29 de noviembre consignan la cantidad de 500 pesetas). Aparte de la verbena organizada en La Alcazaba que ahora veremos, su actividad debió de estar un tiempo bajo mínimos ya que transcurrido dos años otro Pleno (6 de diciembre de 1929) retoma el tema al discutir el presupuesto económico para el ejercicio siguiente: "El (concejal) Sr. Soriano impugnó por insuficiente la partida de dos mil pesetas consignadas para subvencionar a La Gota de Leche y propuso que se eleve a tres mil, alegando, al efecto, que empieza a funcionar dentro de tres meses; y que se fije en doce mil el presupuesto (anual) de su sostenimiento". En estas fechas pensamos que las madres necesitadas fueron atendidas en los consultorios particulares de los médicos citados. Todo indica que posteriormente se integró en Asistencia Social -a la que dedicaremos capítulo aparte-, estableciéndose durante la guerra incivil en el espléndido edificio que fue, entre otras ocupaciones, sede de la Banca de la familia González Canet-Egea y Gobierno Militar en la posguerra. La fotografía muestra los jardines orientados a la c/. Antonio González Egea.
LA ALCAZABA ILUMINADA
La verbena a celebrar en su interior fue la novedad de una Feria ya de por sí atractiva. El programa oficial autorizado por el alcalde Rovira Torres la publicitó como colofón al jueves 25 de agosto de 1927: "A las diez y media de la noche. Grandiosa iluminación de la silueta de La Alcazaba y concierto, traca, elevación de globos, verbena y otras atracciones en los recintos de la misma, organizada por el Excmo. Ayuntamiento a beneficio de la institución La Gota de Leche". La fortaleza mandada a construir por Abderramán III se ofrece en primicia para disfrute lúdico y festivo de los almerienses. Aquí y ahora debería incluir la enésima reivindicación de su perímetro "cristiano" como marco idóneo y brillante del Festival de Flamenco y otras actividades señeras, pero ya estoy harto de clamar en el desierto. Por mí, como si al señor alcalde se le ocurre nuevamente el delirio de reclamarla a la Junta para Parador de Turismo o campo de golf rodeado de una urbanización de lujo. Sin embargo, con la faltica que hace adecentar el entorno y quitar la mierda que espanta a nativos y forasteros al recorrer el Casco Histórico, de eso no ha dicho ni pío. ¡Joer, que se esperen al Plan Urban!
Los periódicos acogieron con entusiasmo el acondicionamiento de un camino para vehículos hasta la divisoria del segundo recinto; obras acometidas (Diario de Almería) "bajo la sabia dirección del capitán de Ingenieros señor Fernández Hidalgo… Ha sido hecho y conduce a la explanada de la campana de la Vela". Efectuaron un test de viabilidad con seis coches, aunque ¿por dónde demonios la trazarían?, ¿cómo salvaron el desnivel y estrechuras de la entrada? Se lo preguntaré a mi amigo Lorenzo Cara. Finalmente la cosa no funcionó (La Independencia): "El acceso en automóvil es una ilusión, una temeridad. Reconociéndolo así, se puso en la puerta de entrada un cartel prohibiendo la subida, cosa que nadie intentó. El camino está ahora peor que antes, las pendientes son de un sesenta por ciento (sic)". La iluminación, en cambio, un éxito. La verbena también un éxito… a medias, según la clase social.
En el amplio espacio "situado al comienzo, destinado al pueblo, tocó una banda de música (la Feria de 1927 estuvo amenizada por las Bandas de Trompetas de Orán y las Municipales de Almería, Pechina y Canjáyar), situada en un rincón, en el que se habían colocado una docena de farolillos sin luz. La gente, desilusionada, se marchaba lamentando el esfuerzo para asistir el espectáculo de unos farolillos apagados, un vendedor de cacahuetes y un humildísimo puesto de bebidas y refrescos". Si era para el "pueblo" ¿qué esperaban? En el recinto superior la animación acompañó a las muchas familias de la buena sociedad congregadas, especialmente al "elemento joven femenino que puso la nota de color y alegría de estas clásicas fiestas verbeneras". Se quemó un castillo, hubo traca y hasta la madrugada duró el jolgorio. La semana que viene cierro el tema.
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