Desaparecen de Almería las avionetas antilluvia justo cuando vuelven las borrascas
Los episodios de lluvia han reducido las quejas sobre supuestas avionetas en el campo y programas reales de modificación del tiempo requieren inversiones millonarias y grandes infraestructuras
La Guardia Civil ofrece nueva información sobre las avionetas anti-lluvia de Almería
Las lluvias han vuelto a aparecer en el mapa andaluz mientras los propios datos de precipitación, los informes científicos y los cálculos económicos desmontan uno de los debates más repetidos en el campo almeriense: el de las supuestas avionetas antilluvia.
Los registros del último año hidrológico muestran comarcas del interior de Almería con lluvias por encima de sus medias históricas, y los meteorólogos recuerdan que, en una provincia de clima semiárido, la irregularidad y los contrastes de precipitaciones forman parte del comportamiento normal de la atmósfera.
La AEMET insiste en que no existe base científica para estas teorías y que las técnicas reales de modificación del tiempo solo pueden aumentar la lluvia de forma limitada, mientras que los cálculos técnicos señalan que un sistema capaz de influir de forma continua sobre toda la provincia costaría varios millones o incluso decenas de millones de euros al año.
Estaciones como Tahal han acumulado más de 432 milímetros frente a una media de 338, mientras el entorno del río Almanzora ha alcanzado casi 392 milímetros frente a los 272 habituales. En cambio, áreas del litoral como Níjar apenas han llegado a 78 milímetros. Este contraste entre comarcas cercanas es típico de la dinámica natural de las tormentas.
A ese argumento científico se suma el económico. Los programas reales de modificación del tiempo requieren inversiones millonarias y estructuras complejas. Solo los sistemas antigranizo en zonas pequeñas de España superan el millón de euros al año, mientras proyectos de siembra de nubes en otros países han movilizado cientos de millones. Aplicar un sistema continuo sobre una provincia del tamaño de Almería implicaría decenas de aeronaves y gastos anuales que alcanzarían varios millones o incluso decenas de millones de euros.
Los propios datos reflejan un escenario incompatible con la idea de un supuesto bloqueo artificial de la lluvia. Si existiera un sistema para evitar precipitaciones, no se explicarían diferencias tan marcadas entre zonas separadas por pocos kilómetros dentro de la misma provincia.
Los datos frente al mito
Mientras tanto, Andalucía ha encadenado varias semanas de lluvias por el paso de frentes atlánticos, con acumulados significativos en distintas provincias. En ese contexto, el viejo debate sobre las avionetas, especialmente habitual en Almería durante las fases secas, ha desaparecido casi por completo del discurso agrario.
Los registros oficiales muestran que, incluso en años considerados secos, algunas comarcas del interior han tenido balances normales o húmedos. Puerto de la Ragua ha rozado su media histórica anual, mientras otras zonas del valle del Almanzora han superado claramente sus valores habituales, un comportamiento propio de la dinámica atmosférica.
A comienzos de 2026, estaciones como Adra han superado los 50 milímetros en apenas una semana, y el aeropuerto de Almería ha registrado nuevos acumulados tras el paso de frentes atlánticos. Son cifras modestas para otras regiones, pero suficientes para confirmar que el ciclo de precipitaciones sigue activo.
La AEMET insiste en que no existe base científica para las teorías de avionetas antilluvia. Una nube de tormenta contiene millones de toneladas de agua y libera una energía imposible de alterar con una aeronave ligera, según explican los meteorólogos.
Además, la única técnica real de modificación del tiempo, la siembra de nubes, solo puede aumentar la precipitación entre un 10 % y un 20 % en condiciones muy concretas, y nunca eliminarla.
Un debate ligado a la sequía
El patrón social se repite con el tiempo. Durante las fases secas, especialmente en el interior de Almería, surgen denuncias o sospechas sobre vuelos. Cuando llegan las lluvias, ya sea en la provincia o en el conjunto de Andalucía, ese debate se diluye y desaparece del foco público.
Los datos de 2025 y comienzos de 2026 muestran un comportamiento irregular pero normal dentro de un clima semiárido, con fuertes contrastes entre comarcas. Una dinámica natural que los expertos consideran incompatible con cualquier teoría de manipulación externa.
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