A la luz del día
Antonio Montero Alcaide
Verdades absolutas
DURANTE la guerra civil el principal cementerio municipal fue testigo de buena parte del devenir luctuoso del trienio y de la posterior represión franquista. Recordemos que aquí fueron enterrados los "paseados" de derechas desde la cárcel de El Ingenio. Los presos rojos que no murieron en ella corrieron igual suerte ante las tapias de la necrópolis. Hubo más. El historiador-sacerdote Tapia Garrido, nada sospechoso de desafección al Régimen, afirmaba: "No creo que los rojos causaran desperfectos durante su dominio en el cementerio católico. Los fanáticos de la posguerra si los causaron en el cementerio civil. Hicieron desaparecer la lápida con pomposo epitafio laico de la tumba de José Jesús García; decapitaron el busto de José Litrán y rompieron la lápida… ".
La tumba del líder republicano, novelista y director de El Radical José Jesús García Gómez (1865-1916) fue costeada por el ayuntamiento de la ciudad y concedida a perpetuidad. ¿Conoce el esclarecido concejal Carlos Sánchez el vergonzoso estado de la lápida y fosa en tierra? ¿Tiene el señor concejal Carlos Sánchez previsto trasladar los restos del insigne personaje al bien cuidado Jardín de la Memoria o tiene reservado este "el derecho de admisión"? ¿Ha pensado el ínclito concejal Carlos Sánchez depositar aquí las reliquias de Los Mártires de la Libertad ahora en el infecto nicho descubierto (y denunciado en el mes de febrero ante las concejalías de Cultura y Fomento) por su descubridora, Carmen Ravassa?
LA BURRA SACRÍLEGA
Tiempo atrás reseñé De cuerpo presente, editado (2011) por el amigo y paisano Jesús Pozo, especialista en este tipo de literatura. Despojado de morbo y estupideces, de prosa amena e inteligente planteamiento, solo cabe un pero: no dedicarle un capítulo a alguno de los cinco cementerios almerienses. Bien podía haberse titulado "La burra sacrílega", o algo parecido. Y es que no alcanzó a entender que un espacio tan respetable fuese tan poco respetado. Son frecuentes las denuncias en la prensa decimonónica y de comienzos del siglo XX de escándalos, actos deshonestos, borracheras y, lo que es más grave: tráfico ilegal de nichos promovido por sepultureros y el propio capellán. Ello llevó durante años a no permitir la entrada al recinto salvo en los sepelios y primeros días de noviembre. Sin embargo, en lugar de verificar las denuncias, en febrero de 1883 el ayuntamiento denunció en los tribunales al diario El Porvenir por calumnias. No obstante los actos vandálicos y truculentos continuaron: "Anteayer se había permitido la entrada al cementerio de San José de algunos animalejos, convirtiendo tan respetado recinto en un verdadero establo… ". Como llovía sobre mojado, la comisión sanitaria nombrada para esclarecer los hechos expuso en el pleno del 4-II-1889 sus conclusiones (la capilla y vivienda del sacerdote disfrutaba, de entrada independiente). El dossier pasó al Juzgado de Instrucción:
1º) Que dentro del recinto se encontró una burra pastando, que, según los sepultureros, era del capellán Francisco González, y que se tenía desde antiguo esa costumbre.
2º) Que los sepultureros autorizados antiguamente por el sacerdote Portas y tolerado por el actual capellán, hacían algunas chapuzas, introduciendo cadáveres por la puerta de la capilla y colocándolos en ciertos nichos sin autorización del Ayuntamiento, mediante retribución de (de la familia) los interesados.
3º) Que para realizar estos abusos eran extraídos otros cadáveres que ya tenían pagada la propiedad, desapareciendo estos sin que se sepa donde iban a parar.
4º) Que la mujer del cochero del carro fúnebre, conocida por Lumbana, se dedica desde hace tiempo a la venta de ropas y alhajas pertenecientes a los cadáveres, a quienes se despojan de ellas.
BENDICIÓN DEL VICARIATO
La insuficiente capacidad de la necrópolis de Belén obligó a la construcción del actual, iniciándose las obras en julio de 1865 a cargo del maestro Rull Merino. Concluido el grueso del proyecto, el Municipio debió responder a un delicado protocolo: el lugar de enterramiento del clero catedralicio, bendición del mismo y traslado de los restos del antiguo. Solventado el primer asunto tras abonar el Obispado la cantidad de 100 escudos, se procedió al segundo, con la ausencia del obispo Andrés Rosales. Por su minuciosa redacción curialesca respeto la literalidad del acta:
"En la Ciudad de Almería a cinco de diciembre de mil ochocientos sesenta y siete, en la plaza de la Catedral de la misma, previo acuerdo, se reunieron con el Señor Provisor Vicario general de la Diócesis, delegado al efecto por el Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo, las comisiones designadas por el Excmo. Ayuntamiento e Iltmo. Cabildo eclesiástico, Sres. Curas Párrocos de la capital, maestro de Ceremonias de la Santa Iglesia Catedral y demás señores eclesiásticos del servicio de la Capilla catedral, partiendo luego toda la expresada comitiva en la forma conveniente y en carruajes al lugar donde se ha obrado el nuevo Cementerio de San José (verán que Santa Adela aquí no pinta nada, añado), al Norte de esta ciudad y sitio denominado Marchal de Iniesta, próximo a los Callejones de Cárdenas, para proceder a la ceremonia de la bendición de dicho Cementerio, y en cuyas dependencias entró el referido acompañamiento a las doce y media de la tarde.
En tal estado, y en la Sacristía preparada al instante, el Muy Iltre. Sr. Provisor, don José Proeso Pozuelo, se revistió de amito, alba, cíngulo, estola y capa pluvial blanca con los Presbíteros asistentes y Beneficiados Dº Francisco de Córdoba y Dº Andrés Rosales (sobrino del prelado), pasando al interior del Cementerio acompañados de los individuos de las respectivas comisiones, que lo eran por el Excmo. Ayuntamiento el Teniente de Alcalde Dº Francisco Nin de Cardona y Sierra, y Regidores Licenciados Dº Miguel Morcillo de la Cuesta, Dº Salvador Campos y Dº Caralampio Ayuso, precedidos de las mazas de la Excma. Corporación. Y por el Ilmo. Cabildo, Dº Rafael Hernández Camin, Dº Francisco de Paula Espinosa, Lectoral, y Dº Manuel Antonio García; de los Sres. Curas Párrocos del Sagrario, Dº José Rosales; de San Pedro, Dº Miguel Martínez Valerón, y de San Sebastián el Regente, Dº Eusebio Arrieta; del maestro de Ceremonias Dº Vicente Pérez Salinas y oficiales de la Capilla catedral. Y delante de la cruz más alta que la estatura de un hombre colocada en medio del Cementerio y alumbrada con un candelabro con tres velas, se procedió a la bendición por el referido Sr. Provisor y Ministros, diciéndose las oraciones, salmos y antífona que prescribe el Ritual Romano, paseando y asperjándose con agua bendita todo el local del Cementerio, terminando tan religioso acto con la colocación de tres candelabros encendidos en el extremo superior y brazos de la cruz, incensándole y aspergiándole y pronunciando en fin las demás oraciones de la Iglesia para tales casos. Con todo lo cual se dio por concluida la ceremonia serían las dos y media de la tarde, extendiéndose este Acta por duplicado…"
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