"Me enseñó la pistola y las esposas": el relato del horror de las menores prostituidas en la biblioteca y el coche patrulla
Dos de las víctimas, que tenían 13 y 14 años cuando ocurrieron los hechos, ratifican ante la Audiencia los abusos sufridos e incriminan a los acusados
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El llanto rompió este miércoles la solemnidad de la Sala de Vistas de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Almería. Detrás del biombo de protección, una joven de ahora 22 años, que apenas tenía 14 cuando cayó en las redes de la trama , tuvo que detener su relato en varias ocasiones, asistida con agua y consuelo por los funcionarios judiciales. Su testimonio, junto al de una segunda víctima que tenía 13 años en el momento de los hechos, ha servido para apuntalar las acusaciones contra los diez procesados en la operación 'Terciaria', desnudando una realidad sórdida de podofilia, urolagnia, sadismo y abuso de poder ejercido, presuntamente, por dos agentes de la Policía Local.
La sesión, segunda del juicio, ha sido un descenso a los infiernos de unas niñas que, captadas por la principal acusada bajo la promesa de "dinero fácil" , pasaron de prácticas de fetichismo (lamer pies) a ser objeto de todo tipo de vejaciones sexuales. Las testigos han confirmado que la supuesta proxeneta, S.M.H., se quedaba con más de la mitad del dinero generado por unos encuentros que, según han ratificado, se producían con pleno conocimiento de los clientes sobre su minoría de edad.
La "biblioteca" del policía de Adra
El testimonio más estremecedor de la jornada ha girado en torno a M.L.N., el agente de la Policía Local de Adra para el que la Fiscalía solicita 10 años de prisión. La primera de las testigos ha narrado con detalle cómo fue trasladada por S.M.H. en un vehículo Seat Ibiza hasta dicha localidad del Poniente, junto a otras menores. El agente, que se encontraba de servicio, las citó en un punto oscuro de la carretera, haciéndose visible mediante las luces del coche patrulla.
"Estaba en el arcén derecho con las luces puestas", ha descrito la víctima. La menor se subió al vehículo oficial y fue trasladada hasta la biblioteca municipal de Puente del Río. El agente, que poseía las llaves del recinto público, accedió al interior con la niña. Allí, según la declaración judicial, el policía le exhibió su condición de autoridad como un elemento de intimidación y poder: "Me enseñó un cinturón con una pistola, la porra y las esposas; llevaba el chaleco antibalas".
Lejos de detenerse ante la evidencia de su juventud, el agente le aseguró que "no le iba a pasar nada" y le comentó que era "muy chiquitilla para hacer esas cosas". Acto seguido, se desnudó completamente y la sometió a prácticas de sexo oral y masturbación durante aproximadamente una hora. Al finalizar, le dio instrucciones precisas para abandonar el lugar sin ser vistos y la devolvió al punto de encuentro en el coche patrulla.
El 'Señor X' y la multa del confinamiento
La segunda víctima, que tenía 13 años, ha centrado gran parte de su interrogatorio en la figura de J.C.P.S., el policía local de Almería conocido en la trama como 'Señor X'. Los hechos se remontan al confinamiento estricto de abril de 2020. La menor fue sorprendida por la Guardia Civil en un merendero de Huércal de Almería junto a otro de los acusados, F.J.A.G., saltándose las restricciones sanitarias.
Aterrorizada por la posibilidad de que la multa llegara a sus padres, la niña pidió ayuda a la proxeneta. Esta contactó a través de Skype con el policía de la capital, quien presuntamente utilizó sus influencias para interesarse por la sanción y tratar de retirarla. Aunque en la sesión de este miércoles la testigo ha alegado no recordar la cara del agente debido al tiempo transcurrido ("no me acuerdo de tantas cosas de ocho años") , la acusación ha recordado que durante la fase de instrucción la menor lo identificó fotográficamente y reconoció haber mantenido encuentros sexuales con él. De hecho, la víctima ha afirmado ante el tribunal que, además de los procesados, "había más policías y guardias civiles" entre los clientes de la red.
Sadismo, urolagnia y voyeurismo
El relato de las víctimas ha expuesto las parafilias de los otros siete acusados, hombres que pagaban por someter a las niñas a prácticas degradantes. Se ha señalado directamente a J.M.V.E., quien recogía a las menores en una furgoneta con cristales tintados para recibir sexo oral y masturbaciones bajo el puente de Viator. Este acusado, considerado un cliente "vip" , llegó a pagar por observar cómo una de las niñas mantenía relaciones sexuales completas con su novio, también menor de edad.
Las testigos han descrito escenas de sadismo y humillación con otros procesados. Han narrado encuentros en un piso de la calle Granada y en el domicilio de un vecino apodado 'Villainés' , donde eran obligadas a escupir, golpear u orinar sobre los clientes (urolagnia) , así como a introducir objetos y juguetes sexuales por el ano de los acusados.
El dolor de las víctimas se hizo palpable cuando una de ellas, al serle mostrado uno de los acusados (F.J.C.C.) a través del biombo para su reconocimiento, rompió a llorar desconsoladamente, sufriendo una crisis de ansiedad en la sala.
"Era una niña, no se pintaba"
La jornada también contó con el testimonio de la madre de una de las menores, cuya denuncia en junio de 2020 desencadenó la investigación. La mujer relató cómo comenzó a sospechar al ver a su hija, de entonces 14 años, salir por las noches. "Era una niña normal, no se pintaba, iba en chándal y leggings, jamás con tacones", aseguró la madre, desmontando cualquier argumento sobre la apariencia adulta de las víctimas. Al revisar el teléfono de su hija, descubrió mensajes de la proxeneta instándola a acudir a las citas incluso estando enferma para "no dejar tirado al cliente".
El juicio continuará en las próximas sesiones con la declaración del resto de testigos y la práctica de la prueba pericial, claves para determinar el grado de culpabilidad de una red que operó impunemente con la presunta connivencia de agentes de la autoridad.
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