El análisis de ADN debilita la tesis de la violación del niño fallecido en Garrucha
Los análisis de los hisopos arrojan resultados negativos en espermatozoides y antígeno prostático
La defensa del caso Lucca alega que el niño murió por curanderismo y negligencias domésticas
El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses ha dado un vuelco técnico a la investigación sobre la muerte de Lucas, el niño de cuatro años fallecido en Garrucha, Almería. El informe definitivo remitido al juzgado descarta la presencia de restos biológicos que sugieran una agresión sexual, uno de los cargos más graves que pesaban sobre J. D. R. C., pareja de la madre. Con estos resultados, la instrucción judicial se aleja de la hipótesis de la violación para centrarse en las causas físicas y farmacológicas del deceso.
El documento técnico especifica que todas las pruebas practicadas para localizar contenido biológico ajeno han resultado negativas. Este hallazgo desvanece una de las teorías más crudas del suceso, aportando una base científica que contradice las impresiones preliminares. La investigación se focaliza ahora en determinar cómo influyeron las lesiones físicas internas y la medicación administrada en el fatal desenlace del pequeño.
Resultados concluyentes en los análisis de ADN
Según el informe del Servicio de Biología, los análisis realizados no han mostrado presencia de espermatozoides ni de antígeno prostático específico (PSA). Estas conclusiones técnicas descartan la presencia de semen en el cuerpo del menor, un dato que choca frontalmente con las sospechas que surgieron tras la primera inspección ocular. Los forenses han sido tajantes al afirmar que no existen evidencias científicas que respalden un acto de naturaleza sexual.
En la misma línea, los facultativos buscaron rastros de amilasa humana, utilizada como marcador de saliva, con resultados igualmente negativos en todas las zonas analizadas. Al cotejar el ADN extraído con la sangre de Lucas, los expertos determinaron que el perfil genético masculino obtenido coincide plenamente con el del propio niño. No se han detectado, por tanto, características genéticas que sugieran la intervención de una tercera persona en este ámbito concreto.
La defensa rebate la autopsia preliminar
Este nuevo escenario forense debilita la tesis de la agresión que se barajó tras la autopsia inicial. En aquel examen, la mención a un «desgarro» y a una «sustancia blanquecina» activó todas las alarmas judiciales. Sin embargo, los análisis actuales no respaldan aquellas valoraciones visuales, ofreciendo una visión técnica mucho más aséptica que refuerza los argumentos de la defensa del principal investigado, actualmente en prisión provisional.
Los fluidos y lesiones observados inicialmente podrían ser consecuencia de problemas intestinales severos y no de abusos.
La representación legal del acusado ha mantenido que tales alteraciones físicas no eran indicativas de una agresión, sino el resultado de un estreñimiento crónico. Argumentan que el «aplastamiento de intestinos» que causó la muerte pudo derivar en las lesiones observadas por los primeros médicos. Esta versión sostiene que el cuadro clínico del menor era ya de extrema gravedad antes del fallecimiento por causas naturales o accidentales.
El papel determinante del ibuprofeno
Por otro lado, el informe del Servicio de Química ha confirmado la presencia de trazas de ibuprofeno en la sangre del menor. Este hallazgo es clave, ya que existen audios donde la madre y su pareja reconocen que trataban el malestar del niño con este fármaco de forma recurrente. Según los registros, administraban la medicación cada cuatro horas basándose únicamente en búsquedas realizadas de forma privada a través de internet.
La defensa argumenta que este suministro intensivo de antiinflamatorios tuvo un efecto devastador. Sostienen que el ibuprofeno agravó una hemorragia interna originada durante las maniobras de «sobado» o masajes abdominales que los cuidadores practicaron al niño para aliviar supuestos gases. Esta práctica de curanderismo, unida al fármaco, habría transformado una lesión tratable en un shock hipovolémico fatal que acabó con su vida.
Negativo en sustancias de sumisión química
Asimismo, el análisis toxicológico ha rastreado la posible presencia de alcohol, estupefacientes o sustancias de sumisión química como el GHB o la escopolamina. En todos los casos, los resultados han sido negativos. Este dato refuerza la idea de que no hubo una voluntad de anular la conciencia del menor mediante agentes externos, sino más bien una gestión sanitaria negligente y profundamente errónea de su estado de salud previo.
Finalmente, ante la solidez de estos nuevos informes, los abogados del acusado han solicitado formalmente un cambio en la calificación de los hechos. Piden que el caso pase de ser considerado un asesinato a un homicidio imprudente. La defensa insiste en que la muerte de Lucas fue el resultado de una «negligencia sanitaria absoluta» por parte de unos adultos que, ignorando la gravedad del cuadro, recurrieron a remedios caseros en lugar de acudir a urgencias.
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