Infidelidad en España: más común de lo que crees

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Cifras reales y claves psicológicas para entender por qué la infidelidad es mucho más frecuente de lo que imaginamos

Traumas visibles e invisibles: cómo nos marcan y cómo se trabajan

Un 32% de los españoles reconoce haber sido infiel alguna vez / D.A.
Raúl Carrera Fernández
- Psicólogo en Antas

01 de febrero 2026 - 06:00

Vamos a hablar de la infidelidad, pero con un matiz importante. No vamos a describir qué es infidelidad y qué no lo es, porque sabemos que hay líneas rojas que al sobrepasarse todos consideramos infidelidad, pero hay otras que algunos pensarán que es infidelidad, otros juegos, y otros que tienen dudas. Por ello, no voy a dar mi opinión sobre qué es infidelidad y qué no lo es, pero sí que quiero compartiros estos datos que nos van a servir para tomar conciencia de lo que está pasando. Después, veremos qué aspectos psicológicos están implicados.

Datos sobre la infidelidad

La infidelidad, a pesar de no hablarse tanto de ella como se debería, aparece con una frecuencia que da miedo. Diferentes estudios realizados en España muestran cifras que oscilan entre el 19% y el 32% de personas que admiten haber sido infieles al menos una vez en su vida. Según un análisis de la Universidad Complutense de Madrid en 2023, con una muestra de 8.547 personas, un 32% de los españoles reconoce haber sido infiel alguna vez. Si quieres, mira a tu alrededor y cuenta que cada tres personas, una lo ha sido.

En cuanto al género, el 38% de los hombres reconoce haber sido infiel en comparación a las mujeres, con un 27%. Ojo lo que decíamos antes, la forma de entender la infidelidad es diferente para cada uno.

Un dato que rompe con algunas creencias populares es que la mayoría de la población (70%) declara estar satisfecha con su vida sexual. Aun así, la satisfacción sexual aparece como uno de los factores más determinantes cuando valoramos el riesgo de infidelidad. El 68% de las personas infieles se consideran muy insatisfechos con su vida sexual. La frecuencia sexual también juega un papel clave: cuando las relaciones sexuales son menos de una vez al mes, más de la mitad de las personas reconoce haber sido infiel alguna vez.

El nivel educativo y los ingresos económicos también se asocian con la infidelidad, aunque de forma distinta. Las personas con estudios universitarios presentan una mayor tasa (35%) que aquellas con estudios primarios (27%). Sin embargo, la relación es más fuerte con el nivel de ingresos: a mayor renta anual, mayor porcentaje de infidelidad (el 39% en quienes superan los 80.000 euros anuales). Y a nivel laboral, los autónomos y empresarios presentan las tasas más elevadas (41%), frente a jubilados (21%) o personas desempleadas (26%).

En cuanto a datos, los motivos principales son en hombres la insatisfacción sexual y en las mujeres los problemas emocionales. También hay otros factores implicados, como que se dé la oportunidad, una baja autoestima o el consumo de alcohol.

Y ya por acabar de datos, la mayoría de las relaciones infieles no aparecen de forma abrupta, sino que surgen a partir de una “amistad” (67% de los casos). Y una de cada tres infidelidades implican una vuelta con sus exparejas.

¿Por qué aparece la infidelidad?

Más allá de los motivos que se han expuesto antes, la infidelidad implica una falta de compromiso, tanto con la pareja como con la misma persona. Me explico. Cuando una persona daña a otra, y entendemos que no quiere hacerlo a propósito, es una muestra también de un daño propio, que no está gestionando bien un malestar o bien personal o de la relación.

En toda relación hay tres variables implicadas. La persona 1 (pongamos que es el infiel), la persona 2 y el vínculo entre las dos personas. Cuando una de estas personas no se encuentra bien, provoca un daño en la otra persona y en el vínculo que tiene con el otro. En el caso de las infidelidades, muchas veces nos fijamos en el daño que se inflige en la persona 2 o cómo ha quedado la relación (vínculo), pero en muy pocas ocasiones nos fijamos en qué le estaba pasando a la persona 1 para ser infiel. No vamos a justificar la infidelidad, porque no es el propósito de este artículo (ni el mío personal), pero sí que vamos a reflexionar acerca de qué le puede estar pasando a esa persona para llevar a cabo esa infidelidad. Piensa en algún caso cercano (o propio) y toma nota a ver si alguna de estas circunstancias con aspectos psicológicos te pueden servir para entender esa infidelidad:

Falta de comunicación en la pareja para expresar los deseos. Son muchas las ocasiones en las que no se comparte lo que se piensa o cómo uno se siente, pensando que eso puede hacer daño a otra persona, o porque en el pasado no se respetó y después es más difícil iniciar una conversación de temas que pueden ser más controvertidos.

Carencias propias que no son resueltas. Por ejemplo, una persona que tiene dificultades para regularse, pero encuentra una pareja que le aporta esa regulación. El problema será que no hará un esfuerzo para estar más tranquilo, seguro, calmado… y eso hará que cuando conozca a otra persona que sea parecido a ella, salte esa “chispa” emocional que le vuelve al caos “conocido”, siendo infiel a la persona que le aporta la regulación con la que le recuerda su propia carencia, que es que ha de aprender a regularse.

Comparaciones con parejas anteriores. El problema principal es el de idealizar aspectos pasionales de parejas o relaciones pasadas, que lleva en muchas ocasiones a infravalorar a la pareja actual en cantidad o calidad.

Exceso de complacencia que lleva a no marcar límites. La dificultad para marcar límites lleva a no ser claro en hasta dónde puede llegar la otra persona, a nivel de contacto físico, temas íntimos o actividades que son más de pareja.

Dependencia emocional hacia otras personas (presentes o del pasado). Un estilo de apego dependiente, por ejemplo, puede llevar fácilmente a no desvincularse del todo de parejas pasadas o relaciones actuales donde empiezan a sentir una serie de emociones que en muchas ocasiones se confunden, llevando a la conclusión que aquello que sentimos por la otra persona (después de no haber marcado límites) es algo pasional y “real”.

Sensación de seguridad y control. Tener la sensación de que puedes controlar la situación y que dominas, es una forma de sentir más control y de tomar decisiones. Esto sucede en aquellas relaciones donde la persona que está siendo infiel siente que en su relación de pareja no tiene esa capacidad de control y de decisión, pero sí fuera de ella.

¿Por qué aparece la infidelidad?

Entender el sexo como una forma de valía personal. En el caso de los hombres, se da que a nivel social tener una mayor cantidad de relaciones te hace subir en una “posición social” entre hombres, declarándose como más hombre que los otros. Esto tiene su origen en el inicio de las relaciones íntimas y cómo se comparten. Mientras las mujeres describen sus relaciones con las iguales compartiendo detalles, en el caso de los hombres no se dan detalles del mismo, sino que se cuenta el número. Cuando pasa un tiempo, se valora más la cantidad que la calidad.

Sobrevalorar el sexo o la intimidad sexual. Relacionado con el punto anterior, en muchas relaciones la persona infiel le da una connotación más importante a la actividad sexual, como forma de regulación, pasión, cantidad, seguridad… independientemente del motivo, se le da un valor importante a esta intimidad que, si no es comunicado a la pareja para que ambos encuentren un punto medio o acuerdos, es una fuente de riesgo muy alta para llevar a cabo la infidelidad.

Experiencias traumáticas pasadas relacionadas con la intimidad sexual. En situaciones de abuso durante la infancia o adolescencia, entienden el sexo como una forma de intimidad más que les ha permitido regularse o conectar emocionalmente. Sucede en algunos casos extremos como niñas que antes de ser adoptadas, en los orfanatos, habían sido víctimas de abuso por parte de sus compañeros niños, y su cerebro entienden el sexo como una actividad sexual más. Cuando pasa un tiempo, durante la adolescencia, el apetito sexual aumenta y encuentran en el sexo y la valoración por parte de los demás una forma de aceptarse y valorarse. Nada más lejos de la realidad, aquí hay que hace un trabajo sobre dicha situación traumática.

Falta de experiencias íntimas con otras personas mezclada con la curiosidad. En consulta han aparecido varias personas que informan de no haber tenido “suficientes” experiencias pasadas, con lo cual esto les ha llevado a explorar otras vías de intimidad. En estos casos la curiosidad suele esconder una monotonía y una falta de actividad emocional con la pareja.

Exceso de consumo de sustancias que alteran el pensamiento y la voluntad. Sustancias como el alcohol o la cocaína llevan a la persona a reducir su fuerza de voluntad y resistencia a intimar con otras personas, e incluso algunas sustancias aumentan la libido (como es el caso del mdma).

Mayor debilidad por una relación pasada que no ha sido terminada. Esto se denomina también Efecto Zeigarnik, donde el cerebro lo que hace es recordar más una tarea no terminada que una terminada, y esto se da porque el componente motivacional aún se encuentra presente, aunque la parte mental sepa que ya se ha acabado. Hay algunos vínculos donde hay una parte pasional que, si no se ha resuelto y no se ha trabajado de forma individual, existe un mayor riesgo a que al verse pueda cometerse esa infidelidad.

Exceso de relativización en cuanto a qué es una infidelidad. Se ha observado que cada generación que viene más joven relativiza más qué es o no una infidelidad. Por ejemplo, la mayoría de personas mayores entienden que el mensajear con otra persona con un tono subido es una forma de infidelidad, mientras que más de la mitad de los jóvenes no lo consideran así. Relativizar estos aspectos hace que los límites sean cada vez más difusos que, acompañados de una mala comunicación, lleva fácilmente a la infidelidad.

Bajo estado de ánimo que se ve compensado con sentir que atraes a otras personas. La baja autoestima es muchas veces compensada con una heteroestima, esto es, en lugar de buscar cómo quererse, uno encuentra el sentirse querido por elementos externos. Recibir cariños de otras personas, halagos, complacencia… Aunque avivan el cariño hacia uno mismo, no se puede olvidar que se tratan de elementos motivadores externos y no internos, sustituyendo el esfuerzo que uno ha de hacer para encontrar la validación y estima en uno mismo para poder compartirlo con los demás.

No saber terminar una relación actual por incompatibilidad. Poner fin a una relación actual es también abrir la puerta a otras relaciones y vínculos donde uno pueda sentirse más sincero y comprendido. Aquí podríamos hablar de la teoría del barco hundido, que, aunque da para hablar en otro artículo, es interesante que se hable de él. A resumidas cuentas, la idea es que ponemos demasiado peso en la variable tiempo, al pensar que llevar mucho tiempo haciendo algo es sinónimo de que es bueno mantenerse ahí. Llevar 10 años en una relación no le da más valor por el hecho de llevar 10 años, sino que es lo que se ha hecho durante la relación, las experiencias vividas, y no únicamente el tiempo.

Otra persona ofrece aquello que tenías al inicio de la relación y que ahora ya no tienes. Esto tiene relación con la falta de comunicación y no expresar las necesidades que sí estaban cubiertas al principio, o bien porque no se ha prestado atención a aquellos detalles de la relación que sucedían al principio y que tanto bien hacían. Se puede recuperar, pero ha de hablarse de ello. Igual que las relaciones cambian con el tiempo, pero también ha de hablarse de ello.

La morbosidad de que no te pillen. Relacionado con el placer aparece curiosamente el componente de la morbosidad. La morbosidad sería como el lobo disfrazado de cordero. Da “placer” el regocijarse en aquello que sucede en la infidelidad, al compartirla con otras personas del grupo, pero no con la pareja. Pero esta morbosidad también esconde culpa, remordimiento, malestar… pero revestido de un falso placer.

Espero que te hayan sido útiles algunas de estas explicaciones de por qué tu pareja, expareja, persona cerca o tú mismo has podido llevar a cabo esa infidelidad. El denominador común a todas ellas es una falta de regulación, que es muy importante que trabajes en terapia con un terapeuta que no te juzgue, que entienda tus motivos y que te acompañe a entender qué llevó o le está llevando a cabo ser infiel y qué herramientas necesita para poderse regular. Y, por cierto, ya de paso, hay que ser valiente para decírselo a la persona afectada.

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