Fallece Luis 'el de la Seat', muy querido en Olula del Río
OBITUARIO
Regentó muchos años un concesionario con taller y cafetería en la avenida del pueblo y era muy amigo de sus amigos
La Virgen del Layón ya no tiene quien le lleve flores. Luis tomó esa costumbre como tradición hace décadas y no había domingo que no subiera desde Olula del Río a ese rincón montañoso de la sierra de los Filabres para honrarla. Un día me llevó consigo, intrigado como estaba yo por ese acto de fe. Subimos por esa serpenteante carretera hasta Bacares, nos detuvimos en el restaurante Las Fuentes, donde daba cuenta de un 'frugal' desayuno a base de huevos fritos y alguna palomica de anís. Luego puso rumbo al paraje donde estaba la ermita que encerraba aquella minúscula figura mariana, que él admiraba con fervosa devoción. Aquella jornada, compartida junto a mi suegro, su buen amigo Pere, me sirvió para conocerlo en profundidad.
Luis nació hace 71 años en Olula del Río y desde bien joven se hizo cargo del negocio que su padre había montado en la avenida del pueblo, un concesionario de coches con taller y cafetería que le brindó el apodo por el que iban a conocerlo generaciones de cebolleros: Luis 'el de la Seat'. El secreto de su éxito fue bien sencillo, tratar a sus clientes como a su familia y a sus trabajadores como amigos. Porque él, por encima de cualquier otra cosa, era muy amigo de sus amigos. Que se lo pregunten a su compadre Eustaquio o al primo Agustín, que tantos años comandó la barra del Lujosán, donde el subastao era religión cada tarde como colofón a las largas jornadas laborales.
Tan peculiar como entrañable, siempre lucía su camisa de manga corta, incluso en los crudos meses de enero y febrero, en los que el frío castiga la comarca del Almanzora, algo que atenuaba con sus 'chispines' de Chivas. La imagen que ilustra este obituario refleja su personalidad. En ella aparece con una sonrisa de oreja a oreja y los brazos abiertos en señal de extroversión, rodeado por su familia más cercana; su mujer Carmen, sus hijos José y Luis, y su hija Rocío, su auténtica religión. Recuerdo como uno de los días más felices de su vida el que me lo topé por las calles del pueblo y me dijo emocionado que su Rocío había aprobado las oposiciones a la judicatura.
Era la bonhomía personificada, a su lado la maldad no era tangible. Tanto quería a los suyos que era capaz de emplear el premio de una lotería en agasajarlos a todos montándoles un ágape en el Estrella de Mar de Murcia o pasando largos veranos en su chalet de Terreros antes que dedicarlo a caprichos propios. En sus últimos años, ya jubilado, ejercía de aparcacoches para los clientes de Antonio Carmona, que le tenía alquilado el taller donde siempre se ganó la vida. Siempre solícito, siempre dispuesto.
Echaremos de menos esas Navidades en las que, botella de anís del Mono en mano, se presentaba en los domicilios de la gente que apreciaba a cantar villancicos. Un cáncer metastásico se lo ha llevado demasiado pronto. Por eso es tan importante respaldar a los Barbacid que pululan por España y el mundo. Nos dice adiós un ser humano único e irrepetible. Escribo estas líneas con lágrimas golpeando el teclado. Descansa en paz, amigo Luis. Que la tierra te sea leve. Ya abrazas a tu virgen del Layón.
Nota: La misa por su alma tendrá lugar este martes a las 19:00 horas en la Iglesia Nueva de Olula del Río y posteriormente sus restos serán incinerados.
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