UD Almería-Valencia

Descenso con un claro responsable (2-3)

  • Una nefasta planificación y la nula inversión de Alfonso García condenan al Almería al descenso. La defensa, de chiste, facilita la remontada che.

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Esta es la crónica que nadie querría escribir porque pocos almerienses querrán hoy leer, pero al fin y al cabo no es más que la crónica de una muerte anunciada. Anunciada desde que el club decidiera en verano hacer una gira por Tailandia en busca de no se qué beneficios por un fichaje exótico que dejó al equipo sin pretemporada en una fase determinante de su preparación.

Anunciada porque después de que el club facilitara la excedencia a Alberto Benito para que se marchara al Reino Unido a aprender inglés, la planificación deportiva fue de desastre en desastre, hasta el punto de confeccionar una defensa que en Segunda B habría tenido serias dificultades.

Anunciada porque el presidente, un año más, prefirió los beneficios a la inversión en una decisión avara que ahora puede privarle del gran reparto del pastel televisivo, nada menos que 40 millones de euros que se esfumarán si no retorna pronto a la máxima categoría, aunque de momento trincará el pellizco del fondo de compensación por descenso.

Anunciada, al fin y al cabo, porque se vendió a Aleix Vidal al Sevilla por un buen puñado de euros y apenas se gastó 200.000 para lograr la cesión de Thievy, mientras que de la cacareada Ciudad Deportiva no se ha puesto ni un solo ladrillo.

A pesar de los pesares, muchos almerienses se enfundaron ayer su elástica rojiblanca al despertar con la ilusión de que otro milagro, otro capotazo de la Patrona, era posible en el Mediterráneo. Y durante unos minutos estuvo a punto de materializarse.

Ante un Valencia atemorizado por la posibilidad de quedarse sin el premio de la Champions en la última jornada, al Almería se le vio más suelto pese a que se jugaba un descenso y a los diez minutos ya mandaba gracias a un tanto de falta directa conseguido por Thomas con la inestimable colaboración de Diego Alves.

En el graderío el "sí se puede" empezaba a entonarse con fuerza, pero en la primera llegada del Valencia iba a comprobarse que mientras unos iban a la guerra con tanques, otros montaban en bicicleta. Un córner al corazón del área botado por De Paul sacó al aire todas las vergüenzas de la zaga unionista cuando Otamendi lo cabeceaba a la red sin oposición ninguna. En la teórica defensa zonal nadie siguió al jugador más peligroso che en esas lides.

Mal presagio que se confirmaría con el transcurso del encuentro y que a la media hora daba otra señal más. Dos Santos se lesionaba al intentar frenar una acometida de Alcácer y Sergi se veía obligado a recomponer una retaguardia que ya de por sí era de circunstancias, dando entrada a Soriano y retrasando a Thomas para compartir el eje de la zaga con un neófito como Dubarbier.

La irrupción del centrocampista maño le sentó bien al equipo y no tardó en adelantar de nuevo a los locales al rematar en el área un balón mordido que había repelido Diego Alves tras un disparo anterior de Thievy.

La locura volvía a desatarse en las gradas, pero la línea defensiva seguía dando muestras de que el desastre estaba a la vuelta de la esquina. En el segundo córner de la tarde favorable al Valencia, otro de sus especialistas en el juego aéreo, Mustafi, mandaba su testarazo alto por poco. Era el aviso de lo que estaba por venir antes del descanso.

El tercer saque de esquina consecutivo optó por sacarlo en corto De Paul para Gayá. El lateral zurdo envió una banana al segundo palo, donde Javi Fuego se zafó de la marca de Dubarbier con una facilidad pasmosa para ponerla atrás sobre la llegada de Feghouli, quien solo tenía que empujar el balón a la red. Una triangulación de pizarra increíblemente limpia en su ejecución por la pasividad de la defensa unionista.

Ambos se marchaban a vestuarios con la misma necesidad acuciante que al inicio del encuentro, ganarlo para salvarse o entrar en Europa. El Almería había acariciado la salvación con el 1-0 y el 2-1, dada la derrota momentánea del Deportivo en el Camp Nou y el empate del Granada frente al Atlético, fue lo más cerca que se estuvo de la permanencia.

En la reanudación el juego se enmarañó y las retenciones fueron constantes, como si los adversarios estuvieran más pendientes de lo que ocurría en otros campos. Entonces devino la tragedia por el mismo lugar de las últimas jornadas. Un fallo en el despeje de Casado, el enésimo que se le recuerda, dejaba a Alcácer el camino expedito para encarar a Rubén y no falló. El Almería volvía a Segunda y los jugadores echaban lágrimas de cocodrilo, distintas a las que asomaban en los ojos del compañero Laynez. 

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