Más allá de la sombrilla: La estacionalidad turística se cronifica en Almería pese a los esfuerzos
El sol y playa concentran más del 45% del total de viajeros y pernoctaciones anuales
Los turistas reservan su viaje con antelación: Almería, segundo destino nacional más demandado
Almería tiene una asignatura pendiente con el turismo que no termina de aprobar curso tras curso: la desestacionalización. Para una provincia que tiene como principal atractivo el sol y la playa, el tercer trimestre [julio, agosto y septiembre] siempre es el más fuerte por tema vacacional y por meteorología. Sin embargo, el sector necesita avanzar hacia nuevos escenarios turísticos, en los que ganen importancia otros trimestres para que sectores asociados, como el hotelero o el hostelero, tengan una rentabilidad que les permita mantenerse abiertos durante todo el año.
Mientras otros destinos nacionales han logrado suavizar sus curvas de demanda, Almería mantiene una estructura de pico muy pronunciada, donde la temporada estival concentra sistemáticamente más del 45% del total de viajeros y pernoctaciones anuales, dejando al resto de los trimestres en una posición de clara desventaja competitiva.
De hecho, primer y cuarto trimestre de 2025 perdieron de manera interanual visitantes [-13,2% y -2,0%], mientras que segundo y tercero sí que avanzaron. En este último año fueron 1.249.967 turistas los que estuvieron en época estival en Almería, mientras que la suma total del resto de meses fue de 1.447.453. Una situación enquistada que se ha mantenido prácticamente imperturbable desde 2015.
Las estadísticas del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía muestran cómo los terceros trimestres de 2023 y 2024 han sido los mejores de toda la serie histórica en Almería. En estos años, la provincia no solo logró batir récords de pernoctaciones rozando el lleno técnico en los principales núcleos turísticos, sino que consolidó un gasto medio por visitante significativamente superior al de los años prepandemia. Por otro lado, al analizar el comportamiento del resto del año, los datos revelan que 2024 y 2025 han sido los ejercicios con mejor desempeño fuera de la temporada alta, aunque con margen de mejora. En estos años, ha habido un crecimiento sostenido, impulsado principalmente por el auge del turismo de eventos, el sector cinematográfico y la llegada de cruceros, aunque aún alejado de otros destinos andaluces que sí han logrado mitigar los efectos de esa pronunciada pendiente veraniega.
Las distintas instituciones trabajan para seguir en esta línea y acabar con esta estacionalidad tan marcada, que no permite despegar a un sector tan importante para la provincia como es el turismo. Segmentos como el deportivo con el golf y las carreras, el medio ambiental con Cabo de Gata, el científico con la Geoda y Calar Alto, el monumental con el legado árabe de la capital o el Castillo de Vélez Blanco, el turismo de cruceros, el cinematográfico o de congresos y eventos son un potencial filón donde hay un margen de crecimiento amplio.
Las autoridades y el tejido empresarial ya apuestan por ellos, lo que ha sido un espaldarazo para los hoteles, pero la provincia tiene capacidad para organizar más eventos que hasta el momento y atraer a muchos más visitantes interesados en ello. Los Juegos Mediterráneos de 2005 fueron una buena muestra de ello. Las circunstancias ahora son distintas porque prima la calidad sobre la cantidad, crecer sin poner en riesgo la sostenibilidad de su sector turístico y su adecuación social. Almería debe redoblar en este aspecto su apuesta.
Para ello, eso sí, hay hándicap como son las comunicaciones. Sin lugar a duda, la isla que es la provincia le perjudica claramente. Muy mal comunicada ferroviariamente, no tiene una conectividad aérea nacional acorde a su importancia como destino turístico. Junta, Diputación y Ayuntamiento trabajan con insistencia en los últimos años para abrir nuevos nichos de mercado, como son las rutas a Canarias o Cantabria, a nivel nacional, o las líneas directas a Reino Unido y los operativos chárter a distintos puntos europeos. Pero queda de manifiesto que se necesita que las conexiones no se cierren por temporada y unos precios más económicos para el mercado nacional.
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