El cambio climático intensificó la dana que arrasó Valencia en 2024
Un estudio publicado en Nature Communications concluye que el cambio climático de origen humano amplificó de forma significativa la intensidad y el alcance de aquellas
La dana de octubre de 2024 que golpeó Valencia no fue solo un episodio extremo más. Un estudio publicado en Nature Communications concluye que el cambio climático de origen humano amplificó de forma significativa la intensidad y el alcance de aquellas lluvias torrenciales, empujando el fenómeno hacia umbrales más destructivos y agravando el impacto de las inundaciones.
Según la investigación, el calentamiento global incrementó un 21 % la intensidad de las precipitaciones, amplió en un 56 % el área con acumulaciones superiores a 180 milímetros y elevó en un 19 % el volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar, en comparación con un escenario preindustrial. Para llegar a estas conclusiones, los autores simularon la misma tormenta en dos contextos climáticos distintos: el actual, ya afectado por el calentamiento antropogénico, y otro hipotético, más frío, sin influencia humana significativa.
Markus Donat, profesor ICREA en el Barcelona Supercomputing Center, explicó a SMC España que “la comparación de estas simulaciones de la misma tormenta bajo condiciones climáticas más frías y cálidas permite estimar en qué medida se amplificó la tormenta una vez que se produjo”. A su juicio, “este estudio representa una contribución altamente relevante para ilustrar los procesos que amplifican los episodios de precipitaciones intensas en un clima más cálido, provocando que estos crucen la línea entre un evento extremo ‘ordinario’ y un desastre”.
El trabajo identifica mecanismos físicos coherentes con la teoría: temperaturas más elevadas del mar, mayor contenido de vapor de agua en la atmósfera y retroalimentaciones dinámicas que reforzaron el movimiento vertical del aire dentro de la tormenta, incrementando aún más su intensidad. Este patrón encaja con la evidencia científica acumulada sobre la intensificación de los fenómenos hidrometeorológicos extremos en el Mediterráneo.
Desde la Universidad de Zaragoza, la investigadora Pilar Brufau destaca la alta calidad metodológica del estudio, aunque recuerda que “analiza un único evento, mantiene fija la circulación atmosférica a gran escala (por lo que no evalúa cambios en la probabilidad de ocurrencia) y su enfoque es condicional, es decir, compara cómo habría sido el mismo episodio en un clima preindustrial, pero no cuantifica el aumento de riesgo futuro”.
El presidente de la Asociación Meteorológica Española, Ernesto Rodríguez Camino, introduce además la dimensión social del fenómeno al señalar que “las investigaciones en psicología social, comunicación y opinión pública muestran que las personas reaccionan más cuando perciben amenazas más cercanas, más concretas y emocionalmente más comprensibles”. En ese sentido, añade que “el caso del episodio de inundaciones en Valencia de octubre de 2024 […] es un claro ejemplo de la relevancia de establecer una clara conexión entre este tipo de eventos y el actual cambio climático”.
En el ámbito de la planificación urbana y la ordenación del territorio, las implicaciones son claras. María Jesús Romero Aloy, profesora de la Universitat Politècnica de València, considera que “más que ofrecer respuestas cerradas sobre un episodio concreto, el estudio contribuye a consolidar un marco de evidencia que justifica una planificación territorial más prudente y preventiva ante el posible aumento del riesgo hidrometeorológico en regiones mediterráneas”. En la misma universidad, Jaime Llinares advierte de que “no integrar esta evidencia en la planificación supondría mantener criterios de diseño pensados para un clima que ya está cambiando”.
El estudio no atribuye por sí solo la catástrofe al cambio climático, pero sí refuerza una conclusión cada vez más respaldada por la literatura científica: en un mundo más cálido, los eventos extremos de lluvia pueden ser más intensos, más extensos y más dañinos, lo que obliga a revisar con urgencia las estrategias de adaptación climática y los criterios técnicos con los que se diseñan infraestructuras, sistemas de drenaje y mapas de riesgo.
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