Joaqui Salord recuerda su misión en Camboya con la ayuda de Manos Unidas

El padre jesuita estuvo 16 años trabajando en la acogida de víctimas de las minas antipersonales

El misionero tuvo la posibilidad de colaborar con la ONG en proyectos

El padre jesuita Joaqui Salord en la sede de Manos Unidas en Almería. / Fotos: Javier Alonso
Fran Murcia

16 de febrero 2018 - 02:33

"Yo creo en Buda y tú en Jesús, pero nos hemos encontrado en la bondad del corazón", fue una de las frases que marcó al padre jesuita Joaqui Salord en sus años de misión en Camboya. Durante esta época, pudo trabajar por la reconstrucción de valores y ayudó en diferentes proyectos entre los que se encontraban muchos con Manos Unidas. Este año, el lema de la ONG es Comparte lo que importa.

Joaquí Salord nació en Ciudatella, Menorca, en 1952, y permaneció durante 16 años en Camboya. "En 1992 me destinan por dos años en un país en el que la guerra había dejado dos millones de muertos y unos 10 millones de minas antipersonales enterradas en el suelo. Tuve que regresar a España para formación, concretamente a Zaragoza, donde estuve tres cursos. Mi corazón se había quedado en Camboya y quería volver. A finales de 1996 vuelvo a ser destinado a este país y estuve hasta finales de 2010".

Desde enero de 2017, el padre está en Almería colaborando con las migraciones

El padre explica qué se encontró cuando llegó a este país: "Es difícil cuando tienes que empezar de cero, y mucho más cuando lo haces desde menos cero. Había una serie de cosas de las que no podíamos hablar: Política, religión, negocios... Teníamos que hablar de Dios sin mencionarlo".

En sus recorridos por los poblados, "me sentí muy acogido y tuve claro que había que apostar por la educación. Organizamos también talleres profesionales. Los muros que levanta una guerra son muy difíciles de romper".

En su trabajo se trató la acogida a las víctimas de las minas antipersonales y se calculó 60.000 personas sobrevivientes de las explosiones de las minas sufriendo algún tipo de mutilación y discapacidad.

Con Manos Unidas ha trabajado en multitud de proyectos, pero Salord recuerda con gran cariño su primer contacto. "Trabajaba en distintos problemas con una religiosa camboyana. Necesitábamos un 4x4 porque teníamos que movernos por las zonas rurales. Cuando lo pedíamos a distintos organismos, nos pedían un proyecto, pero no teníamos proyecto en sí, lo necesitábamos para poder desplazarnos y atender a las personas. Manos Unidas nos lo proporcionó sin ponernos ninguna pega".

Con Manos Unidas ha trabajado en distintos proyectos de regadío, vehículos, minicréditos, agrícolas, construcción de centros educativos... "Nosotros teníamos que formar a los profesores para que enseñaran a los niños conocimientos básicos, valores y educación. Como estudié la carrera de Arquitectura, también trabajé en la edificación de algunas escuelas", dice el misionero.

Para el padre jesuita, "la mujer es un pilar fundamental. En Camboya hay matriarcado, la economía siempre la han llevado ellas".

A su regreso de Camboya, trabajó durante seis años en la enfermería de la Compañía de Jesús en Sant Cugat del Vallés. Desde enero de 2017, llegó a Almería donde colabora con proyecto de migraciones y visita asentamientos entre los invernaderos de El Ejido y de San Isidro de Níjar, además dirige el Centro Fe-Cultural-Justicia Indalo-Loyola. También colabora con las parroquias de San Ignacio, de Piedras Redondas, y El Buen Pastor, en Los Almendros.

Además, la misión de Salord en Almería colabora con la comunidad de Nador en Marruecos donde está al cargo de la Delegación diocesana de Migraciones. Mientras que visita los distintos barrios, los vecinos ya lo reconocen por su mochila llena de llaveros.

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