Cuando Verónica Forqué actuó en el Cervantes y veraneaba en Mojácar
Cultura
En mayo de 1988 actuó en el Teatro Cervantes durante tres días con “Ay, Carmela”
La actriz, fallecida este lunes, tenía el “Indalo de oro” de Mojácar desde 1996
La muerte siempre sorprende. Más aún cuando es inesperada. El suicidio es nuestra tercera mano, que ni vemos ni controlamos. Le ha tocado a Verónica Forqué como le toca cada dos o tres días a un almeriense.
Verónica Forqué fue una enamorada de la costa del Levante almeriense. Ya vino “de incógnito” varias veces a finales de los ochenta y principios de la década de los noventa, pero durante los últimos días de julio de 1995 algunos “paparazzi” detectaron su presencia en Mojácar y lo llevaron a las redacciones del papel couché.
Forqué se alojó, a finales de julio de 1995, en el Parador de los Reyes Católicos de Mojácar. Tenía 39 años y estaba en la plenitud de su carrera de actriz. Venía muy cansada de grabar la serie “Pepa y Pepe” y en la recepción del parador dejó muy claro que no estaba “para nadie”. Y no lo estuvo. Tan es así, que de Mojácar se marchó relajada, descansada y lista para su siguiente compromiso teatral. Por las mañanas iba a la piscina del complejo o a la playa y por las tardes recorría los pueblos cercanos al municipio almeriense. Lo mismo cenaba en Garrucha, en la “Terraza Carmona” de Vera o en Turre. Porque nuestra gastronomía también le gustaba. Por eso, en enero de 1996 el Ayuntamiento de Mojácar le entregó su “Indalo de oro” en el stand de la Feria Internacional de Turismo (FITUR) por su admiración hacia la localidad. En 1997 y 1999 volvió con su marido Manuel Iborra, pero seguro que vino más veces de “tapadillo”.
Creo que la primera vez que Verónica Forqué vino, profesionalmente, a Almería fue el 10 de mayo de 1988 cuando representó durante tres días en el “Teatro Cervantes” la obra «Ay, Carmela», con la compañía «Teatro de la Plaza». La entrada costaba 500 pesetas en patio de butacas y 300 en platea. La representación necesitaba por su complejidad muchas horas de montaje escénico y en los alrededores del Cervantes estuvieron los técnicos trabajando sin descanso durante largas horas.
Forqué, en esa ocasión, fue cuando descubrió Almería y se convirtió en una asidua de su paisaje. Y en la esquinilla del Cervantes con la Plaza de los Burros fue interrogada por algún periodista en ciernes al que atendió gustosamente. No dijo mucho, pero lo suficiente para recordarlo hoy: “Cuando me preguntan en qué medio prefiero para trabajar, nunca sé que contestar”. “No me gustan los papeles sobre amor y lujo, porque se están en contra de mi misma”. “Hay cosas de las que no me gusta hablar; ni pensar…”
DEP Verónica Forqué, una mujer enamorada de Almería.
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