Análisis

juan josé ceba

Paco Fernández, modernidad visual

Cuando Federico niño vive en Almería con su maestro Antonio Rodríguez Espinosa, posiblemente entre 1907 y 1909, el alhambrismo y orientalismo de Villaespesa, ejercen enorme seducción en la literatura y el arte modernista. El profesor le tiene gran fervor y compone versos influido por ese movimiento. El chiquillo de la vega granadina conoció aquellos romances de su pedagogo.

En abril de 1909, García Lorca (nos dice él mismo) escribe en Almería su primer poema —satírico— comparándose con el sultán de Marruecos Muley Hafid; ese nacimiento a la poesía bebe, al parecer, de esta misma corriente literaria; acto originario que hoy recordamos en el Amanecer en la Alcazaba.

Su Libro de Poemas, editado en 1921, ejerce en nuestro tiempo una creciente atracción, por sus hallazgos continuos, asombros y un universo de emociones e inocencia. «Aquí está: mira. Ya tengo el fuego entre mis manos».

Leído con detenimiento vemos los caminillos que se despliegan hacia su obra futura, hacia su poesía y su teatro. Su niñez se muestra vivísima como una fuente prodigiosa.

Canción oriental, escrita en 1920, es una bellísima composición, exuberante de imágenes, metáforas y símbolos, a la que Paco Fernández, calígrafo, artista único y diseñador gráfico, se ha sentido llamado, para crear, a partir de los versos de Lorca, una escritura o poesía visual, en árabe, de un refinamiento y calidades nunca vistas. Cuanto hace es siempre diferente a todo, desde el largo camino de la caligrafía cúfica a la más impactante modernidad de la imagen. Su originalidad es una exigencia natural e interior, que le lleva a no repetirse nunca y a mostrar siempre en sus diseños hallazgos deslumbrantes.

El centro del romance lorquiano es aquí la granada –que parece soñada en un taller de orfebrería, en donde vuelca el alma su trabajo lento: «Arca de piedras preciosas/ en entraña de oro vago». Ya aparecen las sendas dramáticas de su teatro de mañana: «Sangre del viento que viene/ del rudo monte arañado». Y en unidad absoluta con la naturaleza, canta a los árboles y frutos, que muestran su delicia visual y su alegría en el fascinante trabajo del calígrafo.

El poema de Federico ha sido traducido al árabe por Jalifa Mu?ammad al-Tillisi, considerado como uno de los grandes escritores libios de este tiempo. En la edición se abrazan los versos originales de Federico, con su traducción al árabe y la imaginación creadora del artista visual almeriense, que, en su interpretación libre de la poesía andalusí y la de Lorca, viene reivindicando la maravillosa tradición caligráfica, que entre el misterio y la fuerza visionaria, explora zonas desconocidas e impactantes de la mirada: «La pintura se escribe», precisa José Ángel Valente en el «Elogio del calígrafo».

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