La comedia de O’Hara
La comedia de O’Hara
La actriz Catharine O’Hara se vio tapada a sí misma por su papel de la madre de los McCallister, una señora que ahora no pasaría el corte de ningún trabajador social. Más increíble que sus tramas fue el éxito inaudito que tuvieron aquellos merengues envenenados.
Solo en casa y su secuela son pináculos navideños del vídeo VHS, títulos que siguen siendo adictivos para ver en familia cuando las plataformas de ahora no son capaces de actualizar esos conceptos edulcorados de los tiempos del Fin de la Historia. Kevin, entre clasista y justiciero, ha envejecido mal. Nos cae mucho mejor el caco de Joe Pesci.
La infortunada O’Hara, la madre que se le ha muerto así de repente a Macaulay Culkin, llevaba la comedia encima aunque siempre estará más unida a esa señora pija que se le quedaba olvidado el hijo en casa o en el aeropuerto. Los espectadores más nostálgicos la señalan cuando la ven después en papeles serios, como en The Last of us. Y también la pueden encontrar a sus anchas, con su afilado histrionismo en Schitt’s Creek, la serie de los Levy a la que le llegó el Emmy cuando acababan y el mundo se derrumbaba a nuestro alrededor. Y está magnífica en The Studio, la sátira de Hollywood sobre sí mismo, que hay que visitar para descifrar del todo que las fábricas de sueños son factorías de cretinismo.
Unimos a la pobre de Catharine O’Hara con Solo en casa y Bitelchús pero deja una remesa de grandes capítulos. Infantería del buen humor y la mala leche.
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