En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
LO de las compañías de telefonía móvil no tiene compostura. Su ambición no conoce los límites y la pasividad de la administración ante los abusos que cometen clama al cielo. Quienes me conocen saben que soy antimóvil. Nunca he tenido un aparatejo de esos, ni lo tengo ni lo tendré; me parece un rasgo más de esclavitud, una dependencia más, un apéndice más -artificial e insano- para nuestro cuerpo. Pero el caso es que estoy viviendo en mis carnes un episodio tan surrealista que solo la realidad -capaz de superar toda ficción o invención de artista- es capaz de ofrecer.
Hace unas tres semanas recibí cuatro cinco llamadas de Vodafone en tono muy agresivo, tildándome de moroso e instándome a pagar treinta euros de supuesta deuda con su empresa. Me adjudican un número de móvil -al que he llamado repetida e infructuosamente, por ver si pertenece a alguien y poder arrojar luz al asunto- y un supuesto contrato que, según ellos, firmé en julio de este año. Les comunico que yo no tengo contrato alguno, ni con Vodafone ni con ninguna empresa de telefonía móvil, y que si quieren demostrar la veracidad de su afirmación, que me envíen copia del mismo. Se niegan a enviarme la copia y me amenazan con ponerme en no se qué lista de morosos y llevarme a un juicio rápido monitorio, del que tendría que pagar las costas si resultara perdedor. Los treinta euros se corresponden, según me dicen, a dos facturas impagadas de agosto y septiembre pasados.
Recibo una primera carta de ISGF Informes Comerciales S.L, una gestora para el cobro de deudas contratada por Vodafone, en el mismo tono amenazante que las llamadas telefónicas precedentes. Les pido que demuestren la existencia del contrato y de las facturas, enviándome copia de ambas cosas, y acceden a enviarme las facturas, pero se niegan a remitir la copia del supuesto contrato. Una semana después recibo dos cartas al mismo tiempo. Una de Vodafone con las copias de las dos supuestas facturas impagadas; en ellas aparecen todos mis datos personales incluido el número de mi cuenta bancaria, no consta el número de contrato, el consumo es cero y la facturación se refiere únicamente a una cuota fija más el IVA correspondiente. La otra carta es de la gestora de marras, amenazándome nuevamente y dándome un ultimátum de una semana para pagar los treinta euros, pasada la cual procederán al susodicho juicio monitorio.
Me decido entonces a denunciar el caso en Consumo y cuando llego a la oficina radicada en mi pueblo -que da servicio a la comarca del Almanzora- y le cuento a la señora que me atiende, me dice: "Vodafone, no podía ser otro; ¿ves ese estante lleno?... son todo denuncias a Vodafone por la misma causa o similares".
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