Tabula Rasa

Paco Rossique y la verticalidad

La obra de Paco Rossique nos convida a adentrarnos en una trayectoria vital de 30 años como artista

Este Acercarnos a la obra de Paco Rossique nos convida a adentrarnos en una trayectoria vital de más de treinta años como artista, con un trabajo que no sólo comprende una obra pictórica, sino que se expande entre los materiales y la verticalidad de los cuerpos.

La crítica de arte Sonia Díaz Corrales afirma que la obra de Paco Rossique expresa las ideas a través de imágenes. Una práctica muy antigua y que está llena de sorpresas en Rossique, que se vale de una libertad pródiga en inteligencia y certeza: nos ofrece una oreja dentro de un ataúd, al pie del cual reza: el eco es más ligero que la sombra i, y tiene toda la atención de un observador pasivo, inmóvil, absorto, quizás en el descubrimiento de la muerte del auténtico escuchador, de la verdadera capacidad para oír desde adentro. El ataúd, que se difumina en prolongaciones hacia la parte baja de la imagen, es solo el contenedor de un sentido más amplio de pérdida, que tiene su homólogo en la obra escuchar con la parte posterior de sí mismoii, y nos revela la esencia viva del auténtico escuchador del que hablamos antes: solo enferma con los cuartetos de cuerda / y la proyección oculta de los tratados matemáticos / cuyo rastro intenta extraviar en los salones sociales. La música sublime de los cuartetos de cuerda viaja por el laberinto de los canales semicirculares del oído, convierte la oreja del escuchador en un apéndice que se ha magnificado y enraizado en su cabeza, intentando sobrevivir al ruido amorfo del resto de las cosas, buscando el equilibrio.

Paco Rossique gira en torno a la textura de la sonoridad de los objetos, de cómo el ser humano es capaz de compartir el mundo sensible como la materia que nace entre sus manos, a la manera del trigo, cuando es el cuerpo del pan quien viene a visitarnos. Así es como Paco Rossique logra escuchar la materia. Cómo su cuerpo inunda los objetos para habitar cada parte de sus ápices, acaso sus aristas o tan solo una brizna incandescente que crepita, que se transforma y que toma forma a partir del acto sonoro o de la beldad de la materia. Los estados de la conciencia, a veces; los estadios del dolor, otras; todo exactamente articulado entre el universo que aún se mantiene en pie en el artista, en busca del alma o del destello de lo incólume.

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