Gafas de cerca
Tacho Rufino
Mi boda, la ‘mejón’
Con el permiso de ustedes, hoy quiero dedicar esta Rambla a esas mujeres que te comen a besos, a esas que te dan dinero a escondidas como si de algo ilegal se tratase, a las que te realzan la guapura como nadie más lo hace, a las que se alegran más que uno mismo por los logros conseguidos, ya sea un simple aprobado, o una buena entrevista de trabajo, o un ascenso en la empresa en la que llevas trabajando varios años, etc. Esas mujeres que son madres en la sombra, que aguardan en un segundo plano, pero que son las que mueven las piezas para que la estructura de la familia no se caiga. Son esos pilares de sabiduría, educación, saber estar y saber enseñar con su experiencia y las que dan mucho cariño que nos acompaña en nuestros primeros años de vida y que luego nos pasan el testigo, que ahora nos toca a nosotros, los hijos de las abuelas.
De siempre se ha dicho que el amor de una abuela es incondicional, puro y eterno. Escucharlas no solo nos enseña, sino que también refuerza el vínculo con ellas y nos hace valorar su fortaleza.
También te puede interesar
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Mi boda, la ‘mejón’
Más allá de la frontera
La ciudad y los días
Carlos Colón
Malos tiempos para la moderación
República de las Letras
Agustín Belmonte
Leer o no leer