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La gente no lee. No voy a citar aquí frases de personajes célebres de la literatura, no hace falta. Piense el lector en los últimos libros que ha leído y cuánto hace que no ha comprado ninguno, seguro que se sorprenderá. La gente no lee, no leemos cuanto sería de suponer que leemos a estas alturas de la Historia, de la Economía y de la evolución de nuestra Sociedad –así, con mayúsculas todo–. Nos informamos mayoritariamente por las televisiones. Que no está nada mal, pero que nos hace pasto del día a día, del momento, sin dejar mucho a la reflexión personal, a la propia maduración introspectiva. Si queremos alguna información más detallada, nos vamos a You Tube o a Wikipedia. Que tampoco está nada mal, pero que siempre nos dejan en la superficie. Cuando necesitamos alguna información más específica, más profunda, más especializada, no tenemos más remedio que recurrir a las librerías, establecimientos ya muy escasos en Almería. Y luego está la motivación: ¿qué hace que uno desee, necesite “gastar” 29 euros en un libro? Los libros son caros. A esos precios, poco se promociona la lectura. Resulta que son las distribuidoras las que se llevan la mayor tajada, el 60 %. La editorial, del 15 al 25%. La librería, el 15 %. El autor, el 7%. Así está organizado ese mercado. Las distribuidoras imponen su dictadura en la política de precios, pues tasan cada título en orden a que su distribución les reporte beneficios. Por eso los libros son caros. Y, sin embargo, sorprende que, por ejemplo, se formasen aquellas colas para comprar los libros de Harry Potter, libros de 1000 páginas que contradicen la corriente de opinión de que más de 200 asustan al lector: los jóvenes sí que leen, solo que, como todo el mundo, leen lo que les interesa. También leen los niños: nunca el mercado de la literatura infantil–juvenil estuvo más boyante. Y también leen las mujeres, con un mercado saturado de escritoras para lectoras. ¿Y qué decir del fenómeno de las 50 sombras de Grey? ¿Que la gente no lee, he dicho? A ver si quienes no leemos somos los adultos, los mayores. Por último, se echa en falta una política de distribuidores y vendedores en apoyo de los escritores locales. Que yo sepa, solo la Librería Picasso tiene un estand exclusivo para ellos y organiza eventos para promocionarlos. En fin, que se lee poco. Por no hablar de la poesía: entre todos la matan y ella sola se está muriendo.
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